¿Infractor o distractor?
Era Calzado en esos tiempos subdirector de Prensa del gobernador en turno y un buen día, de acuerdo a esa versión, mandó llamar a su oficina a un trabajador del área, encargado de surtir materiales a esa oficina. Ya frente a frente, Víctor le reclamó: ¡Oígame, se están quejado mucho de que usted se está quedando con dinero del que se le da para surtir el almacén!… ¿Es cierto eso?
El empleado, palabras más palabras menos, le contestó con una sonrisa burlona:
“Sí, es cierto, pero déjeme decirle que aquí yo soy el que roba menos…”
Viene a colación este pasaje por lo que sucede hoy con el ex director de Petróleos Mexicanos y actual titular del INFONAVIT, Octavio Romero, sobre su situación patrimonial.
El valor de los bienes consignados por el funcionario se eleva a 47 millones de pesos, tanto en cuentas como en el rubro inmobiliario, valores que había mantenido ocultos durante los dos años que lleva la actual administración federal.
La suma, lo admito, es escandalosa para un funcionario que con su sueldo y bonos ha ganado en promedio 131 mil pesos mensuales netos, poco más de un millón y medio de pesos cada año. Si en seis años no hubiera tocado un solo centavo de la misma porque todo presuntamente lo ahorró, Romero debería vestir hoy andrajos, ya hubiera muerto por inanición o andaría trasladándose a pie por no poder comprar un automóvil o por lo menos pagar un taxi. Y aún así, apenas hubiera reunido 9.5 millones. La quinta parte de lo que declaró.
Sí, parece un caso más de peculado, que merecería castigo si se comprueba.
Pero en la percepción de este servidor, algo no encaja en todo este embrollo.
¿Por qué el escándalo magnificado con Romero?
El símil con la anécdota citada en el inicio de estas líneas es evidente. Hasta ahora, en las fortunas faraónicas que significan los robos denunciados en el huachicol fiscal, en el Tren Maya, en Segalmex, en la refinería Dos Bocas y en el aeropuerto Felipe Ángeles, por citar los más emblemáticos, el silencio ha sido la respuesta.
En otras palabras, al igual que el pícaro empleado de Víctor Calzado, ante los miles y miles de millones de pesos al parecer desviados por otros funcionarios y amigos de éstos en esos terrenos, Romero Oropeza, queda claro, sería “el que menos roba”. Triste consuelo.
No significa que por la disparidad en el manoteo debe quedar sin sanción la presunta rebatinga -si se llegara a demostrar- del ex titular de PEMEX, pero resulta una aberración ponerlo en la picota, todo lo indica, para convertirlo de probable infractor a distractor y con ello diluir los históricos atracos hechos públicos en el erario federal en estos últimos años por sus compañeros de gabinete.
En este escenario, Octavio parece ser hoy un tímido boy scout, en medio de los 40 ladrones en la historia de Alí Babá…
UN CONVENIO PARA CELEBRAR
Este fin de semana, la Universidad Autónoma de Tamaulipas suscribió un convenio de colaboración con la Auditoría Superior de la Federación, que de acuerdo a sus términos, permitirá a los estudiantes de la máxima casa de estudios del Estado participar activamente en las labores de fiscalización y vigilancia del gasto público.
Habrá quienes puedan ver en este acuerdo signado por el Rector Dámaso Anaya, un protocolo más en la lista de eventos que suelen vestir a las instituciones de educación superior; sin embargo, para quienes hemos vivido dentro y fuera de la UAT su evolución, este es un paso mucho más relevante.
Este convenio significa que nuestra Alma Mater ha alcanzado un grado superior de confianza en su academia, lo que a fines del siglo pasado ni siquiera parecía posible.
Que la Auditoría Superior de la Federación otorgue ese voto de confianza es hoy una de las mejores confirmaciones de la solvencia educativa de nuestra universidad. Eso, hay que celebrarlo…
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