Volver a la realidad
Atrás quedaron las fiestas, la realidad se presenta con las carencias propias de que todo inicio para que sea inicio debe de comenzar de cero; cero pesos en la chequera, cero créditos en las tarjetas, cero ganas de trabajar.
Así es y así será por siempre, los buenos deseos de año nuevo durarán sólo mientras nos cansamos y volvemos a la rutina, la misma que nos acompañó el año pasado…. y el anterior… y el anterior.
Para febrero comprenderemos que la panza voluminosa no es producto de malos hábitos alimenticios, sino que es característica propia de la edad, abandonaremos desde luego; las caminatas matutinas los ejercicios de calentamiento y volveremos a las tortillas de harina, a las gorditas de Doña Tota y a los chicharrones vespertinos.
Nos olvidaremos rápidamente de las grandes filas para visitar al Tío Sam y sus comercios, parece increíble, pero las mujeres son capaces de hacer cola en el puente por dos horas, recorrer durante el día 73 tiendas diferentes y regresar a casa con solo 3 regalos de los 33 que habrán de adquirir en la temporada.
Tal vez a eso se deba que después del 24 de diciembre, todavía andan “enquehaceradas” para aprovechar todas las ofertas restantes, porque, según ellas, los gringos venden todo mucho más barato después de la navidad.
De nada sirve tratar de hacer entender a las mujeres que las verdaderas ofertas se presentan a finales de enero y principios de febrero, pues en su lógica ilógica, para esas fechas la mercancía ya está mucho muy “escogida”, como si los trapos fueran fruta y se pudiesen magullar.
Pero en fin amigo lector, eso ya quedó en el pasado, usted si es hombre muy hombre, clásico espécimen del norte de la república mexicana, dedíquese a trabajar con ahínco, échele muchas ganas, no vaya a la cantina ni a los “Table Dances”, tampoco practique ningún deporte, ahorre mucho para que pueda usted comprobar que de todas maneras en diciembre de este año no le va a alcanzar.
Tome en cuenta que cada año la familia crece, esto es natural, sobre todo cuando las jovencitas de la familia llegan a la edad de “merecer” y entonces hay que conocer a los nuevos sobrinos o sobrinas que por lo general se parecen a todos los abuelos menos a los padres biológicos.
Sin embargo, tenemos que reconocer que salvo los inútiles regalos que recibimos en estas fechas y que nos provocan un trago amargo, la compañía de toda la familia nos devuelve el espíritu gregario abandonado por cuestiones de trabajo y esto bien vale la pena.
Ahora si, después de todas las vicisitudes y con la enorme carga de alcohol acumulada en la sangre durante los festejos etílicos de fin de año, dispongámonos a VOLVER A LA REALIDAD.
Jorge Alberto Pérez González
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