‘Déja vu’, 34 años después
“Quizá la más grande lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia…”
Aldous Huxley
La historia suele ser recurrente y en numerosas ocasiones arroja una especie de “déja vu”, frase que del francés es traducida como “ya visto”.
Hoy en Tamaulipas podría decirse que se vive algo parecido. Curiosamente también en el entorno político y más curioso aún, con nombres casi idénticos.
Permítame hacer una retrospección para justificar o por lo menos tratar de justificar, estas líneas.
Si la memoria no me es ingrata, corría el año 1992. Precisamente el último del período del entonces gobernador de nuestro Estado, el ingeniero Américo Villarreal Guerra, padre del actual mandatario, el doctor Américo Villarreal Anaya.
Américo padre fue en ese año, blanco de una furiosa embestida del gobierno federal que encabezaba Carlos Salinas de Gortari, específicamente se dijo, de su primer secretario de Gobernación –tuvo tres– Fernando Gutiérrez Barrios.
La acometida en medios de circulación nacional fue salvaje. Para cimbrar a la administración americanista se provocó una ola de sangrientos motines en los penales de la Entidad, los más sonados el de Matamoros y Reynosa. El objetivo, ya no recuerdo por qué, era obligar al ingeniero a dejar el poder antes de cumplir su mandato. Y poco les faltó para lograrlo.
Sin embargo, no contaban con una pieza clave en el gobierno de Américo: Su jefe de prensa, Manuel Montiel Govea, en paz descanse.
Don Manuel, como nos acostumbramos a llamarle, integró un bloque mediático local prácticamente impenetrable que con el apoyo de los sectores activos del Estado erigió un granítico muro de contención y a la vez de apoyo a Villarreal Guerra, quien con algunos raspones salió airoso del trance. Fueron días amargos pero dejaron una gran lección: El valor que posee el apoyo de la casa, que puede inclusive trascender sus fronteras.
Es aquí donde aparece el “déja vu”.
Casi los mismos nombres y un escenario político similar, alejado de una decisión nacional y también germinado en un medio de comunicación, en este caso un diario estadounidense.
Hoy, más de tres décadas después, el doctor Américo Villarreal Anaya atraviesa por una situación que evoca en parte ese pasado, en donde a diferencia de la experiencia vivida por su padre tiene su origen en el extranjero, aunque con raíces en un “tete a tete” entre el gobierno federal y el de Estados Unidos.
Ciertamente las circunstancias, los actores y lo que está en juego dista mucho de los intereses que se movían en 1992, pero al margen de esas diferencias, lo que no debería cambiar es –además de la legal– la forma básica de enfrentarlos.
La receta, si así se le puede llamar, es la misma: contar con el apoyo de casa y específicamente con el respaldo de quienes tienen la capacidad de mover conciencias y definen en muchos casos, actitudes. Sí, los medios de comunicación, la prensa para decirlo en una palabra, hoy enriquecida con la información digital.
El escenario no deja lugar a dudas:
El ataque ayer y hoy se inició mediáticamente. Y mediáticamente, en el mismo terreno, se puede intentar, con el respaldo de la sociedad tamaulipeca como condición insalvable, enfrentarlo.
Aunque ya no esté Don Manuel…
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