¡Con estos aliados, para que quieren enemigos!
En el PAN Tamaulipas por fin cedieron a las presiones de su propia militancia. Después de meses de resistencia, omisiones y jaloneos internos, arrancó formalmente el proceso para renovar su dirigencia estatal.
Y digo “por fin”, porque esto no ocurrió por voluntad propia del actual dirigente Luis René “El Cachorro” Cantú, sino porque el Comité Ejecutivo Nacional tuvo que meter las manos para obligarlos a hacer lo que debieron haber hecho desde septiembre del año pasado.
Una dirigencia vencida, sin convocatoria, sin orden interno y con un partido cada vez más hecho boronas.
Durante la gestión del Cachorro, el PAN no solo perdió la gubernatura en 2022, también fue perdiendo fuerza en el Congreso, en alcaldías importantes y en la confianza de su propia militancia. Los resultados están a la vista y son desastrosos. Lo que alguna vez fue un partido competitivo en Tamaulipas hoy parece más ocupado en pelear por el control interno que en reconstruirse de cara a la ciudadanía.
Y por si fuera poco, cuando por fin el nacional les pone un alto y ordena la renovación, aparece la mano del cabecismo queriendo meter freno.
Y es que el secretario general del PAN, Francisco Javier Garza de Coss, cercano a ese grupo político, impugnó las decisiones de su propio partido a nivel nacional ante la Sala Regional del Tribunal Electoral en Monterrey. Osea que, mientras el partido intenta salir del hoyo, todavía hay quienes prefieren seguir reventando desde adentro con tal de no soltar el control.
Si de verdad el PAN quiere renovarse, lo primero que tendría que hacer es dejar de comportarse como si fuera patrimonio de unos cuantos. Lo que hoy estamos viendo no es una disputa por ideales, ni por proyectos, ni por la defensa de los principios panistas. Es una pelea por el aparato, por las siglas y por las posiciones.
Más de 3 mil militantes pidieron el relevo, se pronunciaron en contra de la permanencia de la actual dirigencia. Fue un grito interno de auxilio.
Y aun así, hay quienes pretenden alargar el desgaste hasta el último minuto.
Lo que hoy vive el PAN Tamaulipas es una crisis de identidad. Se quedaron atrapados entre los grupos, los resentimientos, los intereses y los saldos del cabecismo. Y mientras no entiendan que la gente ya no compra partidos cerrados, soberbios y divorciados de la calle, difícilmente van a poder resurgir, menos en el tiempo que les queda previo a la elección del proximo año.
Pendientes.
Que Dios los bendiga, gracias.
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