La magnifica humanitas y las capacidades humanas en el tiempo de la inteligencia artificial
Siempre he pensado que, para analizar un mismo hecho que impacta nuestra realidad, —en este caso la inteligencia artificial—, es bueno hacerlo desde dos o más perspectivas. En esta ocasión, me propongo hacerlo desde dos enfoques distintos; uno de carácter religioso-humanista, y otro desde la opinión académica. Los dos enfoques coinciden en que, para preservar la dimensión humana, es necesario fortalecer aquellas capacidades que precisamente nos distinguen como seres humanos. Revisemos brevemente sus posturas.
Dicho esto, a lo largo de la historia, los pontífices acostumbran a emitir documentos conocidos como encíclicas, en los cuales ofrecen una serie de contenidos de orientación moral, social y espiritual al tiempo que también reflexionan sobre los grandes desafíos que en cada época atraviesa la humanidad. Hace unas semanas, el Papa León XIV publicó la carta encíclica titulada “Magnifica Humanitas”, sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial, en la que no solo aborda la incertidumbre social, política y económica que vive el mundo actual; sino que, además, incorpora la irrupción de la inteligencia artificial en casi todos los ámbitos de la vida humana y laboral. El contenido de dicho documento es bastante extenso, mismo que, considero, vale la pena leer, no solo por su llamado a preservar nuestra parte humana con la entrada de la inteligencia artificial, sino porque también detalla un recorrido histórico que nos hace detenernos, a reflexionar sobre algo importante. En todos los tiempos han existido amenazas contra la humanidad, aunque cada época incluye sus propias particularidades.
El mundo parece cada vez más ávido de poder, y una manera de alcanzarlo es la búsqueda de control y dominio, esto por medio de la inteligencia artificial. El Papa León XIV advierte de este riesgo al recordar el relato bíblico de la Torre de Babel, donde sus habitantes pretendían construir una torre que llegara hasta el cielo, movidos por el deseo de grandeza, sin reconocer límites, ni asumir hasta qué punto era capaz de llegar la fragilidad humana. Frente a esta postura es preferible —escribe el Papa— el camino de Nehemías, quien en su tiempo reconstruyó toda una comunidad por medio de la distribución de tareas dirigidas al bien común.
Otros pontífices ya habían advertido que la globalización y los avances tecnológicos, podrían quedar atrapados en un paradigma tecnocrático, en donde se pretende que la única solución para resolver problemas serían los procesos sistematizados. Esto se refiere a que, si bien las tecnologías convergentes son positivas para el desarrollo humano, nunca debe olvidarse la parte que nos define como personas. Dicho por el propio pontífice actual, se necesita un nuevo marco espiritual, ético y político.
Ahora bien, la preocupación por custodiar lo humano no es exclusivo del ámbito religioso, también en el medio académico hay inquietud. Hace unos días, mi sobrina y ahijada, María Eugenia Rendón Gutiérrez, concluyó sus estudios de Master of Bussiness Administration (MBA) en el MIT Sloan School of Management, y me invitó a presenciar su graduación vía internet. Fue Richard M. Locke, decano encargado de pronunciar el discurso, quien expuso a los recién graduados que les espera un mundo complejo con la llegada de la inteligencia artificial, en el que no bastará dominar herramientas técnicas, sino que deberán fortalecer capacidades humanas para liderar esta transformación digital que impacta todo nuestro entorno. Para ello, hizo referencia a la investigación “The EPOCH of AI”, en la que se analizan cinco capacidades humanas que continúan siendo indispensables y que difícilmente pueden ser sustituidas por la inteligencia artificial: empatía, presencia, opinión, creatividad y esperanza.
Respecto a la empatía, se refiere a la capacidad de comprender las emociones y la sensibilidad humana. Sobre la presencia, enfatizó la capacidad de comunicarnos y conectar con los demás. En cuanto a la opinión, señaló la deliberación moral, responsabilidad y toma de decisiones complejas. Al abordar la creatividad, resaltó la imaginación, innovación y generación de nuevas posibilidades. Finalmente, al referirse a la esperanza, reconoció la fe y el optimismo del liderazgo, la visión de futuro y la inspiración. El hallazgo principal del modelo EPOCH, en español EPOCE, es que aun cuando la inteligencia artificial es capaz de procesar información y automatizar tareas en el menor tiempo posible, continúa dependiendo del humano para comprender a otros seres humanos. Es decir, la inteligencia artificial puede detectar cuando una persona esta triste, preocupada o contenta, pero no puede comprender esas experiencias porque no las vive. Los trabajos requieren de mayores capacidades humanas porque al final obtendrán mejores resultados. El actuar con reglas éticas, construir consensos, imaginar alternativas y ofrecer dirección y confianza respecto al futuro es lo que finalmente va a permitir que conservemos la parte humana en esta era digital.
Ambos enfoques coinciden en que no basta con conservar nuestro perfil humano, también debemos fortalecerlo. Cuando nos apartamos de principios como el humanismo, el bien común y la justicia social, entre otros, abrimos paso a la deshumanización, que nos vuelve vulnerables a riesgos reales como la desinformación, ausencia de ética, el debilitamiento del pensamiento crítico, la exclusión profesional, la falta de responsabilidad, por mencionar algunos.
La inteligencia artificial, ya está aquí; no puede detenerse, ni prohibirse de manera contundente. Ante esto, el estudio EPOCH sugiere no centrarse en preguntar qué trabajos serán sustituidos por la inteligencia artificial; sino en cómo fortalecer las capacidades humanas para que la tecnología no rebase las generaciones del futuro. A ello debe sumarse una necesidad urgente en México, de contar con un marco jurídico, regulatorio y normativo que oriente el uso de la Inteligencia Artificial.
La visión antropológica de ambas perspectivas nos hace recordar lo que algunos científicos, entre ellos Stephen Hawkings, ya habían advertido sobre un desarrollo tecnológico sin límites. Incluso en uno de mis artículos que escribí en 2023 me preguntaba ¿cuál sería el perfil humano que estaría al frente ante las posibles eventualidades que se presenten en el futuro de nuestro planeta? Hoy en plena era del Antropoceno, la respuesta exige un perfil que posea plena conciencia, responsabilidad y humanidad. De lo contrario, en ese anhelo de dominar el mundo por medio de la IA, podríamos arruinar todo aquello que alguna vez nos hizo llegar a ser humanos.