La magia del ‘No’
La verdadera libertad es decir no sin dar razones…”
Amit Kalantri
Esta genialidad solamente es fruto original de nuestros políticos y gobernantes. Es una especie de receta casi mágica resumida en sólo dos letras.
Y se dice muy fácil: No.
Gracias a ese monosílabo, los mexicanos ya deberíamos estar convencidos de que disfrutamos de un país envidiable, exitoso, tranquilo, en pleno desarrollo y con hombres y mujeres ejemplares en la función pública.
Tercos nosotros, los ciudadanos, que nos empeñamos en ver moros con tranchete. Tan sencillo que es aceptar ese “no”.
Si es usted capaz de creer eso -le recomiendo que lo haga con los ojos cerrados y los oídos tapados para evitar contaminaciones- podrá admitir sin retobos como decían las abuelitas, las verdades que nos muestran día tras día nuestros mandamases en los diferentes órdenes de gobierno que sufrimos. Perdón, que tenemos.
Lea esta galería de rotundos “no” que a diario nos endilgan esos y esas próceres y sosiegue sus inquietudes. Van.
– No hay desabasto de medicamentos.
– No hay inseguridad.
– No hay corrupción.
– No hay inflación.
– No hay abusos de poder.
– No hay déficit fiscal.
– No hay rezago educativo.
– No es un elefante blanco el AIFA
– No se descarrila el Tren Maya ni el Interoceánico.
– No hay huachicol.
– No hay ataques a la libertad de expresión.
– No existe la mega deuda pública
– No hay persecuciones de inconformes.
Y podría seguir llenando líneas, porque se suman nuevas verdades de ese tipo día tras día, pero ya con lo exhibido debe estar usted convencido de que México es una tierra de virtudes en sus funcionarios públicos, de apego sin excepciones a la ley, de respeto a los derechos humanos y de excelencia académica.
¿Cómo?… ¿No se convenció? ¿No cree que todo eso es verdad?
Gracias por decir que no porque no me siento solo. La verdad es que ese ¡no!, es el único “no” al que se le puede creer.
Le digo: Terco que es uno…
MEDIO SIGLO ATRÁS
Tuve la suerte hace medio siglo de tener maestros en la Universidad Autónoma de Tamaulipas que dejaron huellas profundas en mi intento de formación académica. Muchos de ellos -no nombraré a alguno o alguna por no dejar fuera a quien merezca ese reconocimiento- pero debo dejar constancia de una injusticia que en su momento sufrieron como profesionales.
Eran tiempos complicados para la UAT y su perfil docente no era admitido en los primeros niveles, por lo que pese a que muchos de ellos eran eminencias inobjetables en sus áreas no recibían las medallas que debían exhibir. Hoy veo con satisfacción la evolución del Alma Mater estatal, en la firma de un convenio con el Instituto Mexicano de Contadores Públicos (IMCP), para fortalecer la vinculación académica y profesional, que se suma a las pruebas del progreso universitario tamaulipeco.
Brindo por eso…
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