miércoles, 29 de julio de 2026
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‘Spider-Man: Brand New Day’, la  soledad de un superhéroe a su pesar

‘Spider-Man: Brand New Day’, la soledad de un superhéroe a su pesar

“Spider-Man: Brand New Day”, la cinta de la franquicia que llega a los cines del mundo este fin de semana, presenta a un Peter Parker contemporáneo, que está solo en su diminuto apartamento, mirando las publicaciones de Ned en Instagram a través de la pantalla de su teléfono. Solo es un chico que ha perdido todo lo que le importaba y que, en lugar de rendirse, se ha refugiado en el traje rojo y azul. Esa imagen, sencilla y desolada, condensa lo que Destin Daniel Cretton ha querido explorar en esta cuarta entrega de las aventuras de Tom Holland como el arácnido: el monstruo más peligroso al que se enfrenta Peter no es un villano con poderes telepáticos ni una organización de ninjas, sino la soledad.

La película retoma el hilo justo donde lo dejó “No Way Home”, con el hechizo de Doctor Strange que borró la memoria de Peter Parker de la mente de todos, incluidos MJ y Ned. Cuatro años después, Peter vive una existencia fantasmal, repartida entre la lucha contra el crimen y el vacío de una vida sin vínculos. Ya no es el adolescente entusiasta que quería impresionar a Tony Stark ni el joven que intentaba equilibrar sus responsabilidades con sus amigos. Es, simplemente, un hombre que ha elegido el sacrificio absoluto, y que ha descubierto que ese sacrificio duele más de lo que imaginaba.

Cretton, que ya demostró su capacidad para manejar el tono dramático en “Short Term 12” y el espectáculo en “Shang-Chi”, encuentra aquí un equilibrio inusual en el cine de superhéroes. La película no renuncia a las escenas de acción ni a los momentos de humor, pero los utiliza con una moderación que sorprende. El combate contra Scorpion en el prólogo es trepidante, pero lo que realmente importa no es la pelea, sino lo que revela: que Peter se ha convertido en una máquina de lucha sin descanso, un héroe que ha olvidado cómo ser humano. La decisión de Cretton de filmar Nueva York bajo cielos grises y con una paleta de colores más apagada no es un capricho estético, sino una elección narrativa que subraya el estado de ánimo del protagonista.

Tom Holland, que siempre ha sido un intérprete físicamente prodigioso, da aquí su mejor actuación en el papel. No solo porque las escenas de acción son más dinámicas y están mejor coreografiadas que en las entregas anteriores, sino porque se le permite mostrar la vulnerabilidad que siempre ha estado latente en su personaje. El Peter Parker de “Brand New Day” es un hombre al borde del colapso, y Holland transmite esa fragilidad sin caer en el melodrama. Su mirada cuando ve a MJ por primera vez en años, su torpeza al intentar hacerse pasar por un extraño en una fiesta, su rabia contenida cuando la furia empieza a apoderarse de él: todo está medido con una precisión que convierte a este Peter en el más complejo de los que ha interpretado.

Y es que el guion, firmado por Chris McKenna y Erik Sommers, los mismos de la trilogía anterior, se toma su tiempo para construir ese dolor. La película dedica largos tramos a mostrar a Peter en su rutina solitaria: patrullar, volver a casa, ver las redes sociales de sus amigos, patrullar de nuevo. Esa repetición, que en manos de otro director podría resultar tediosa, aquí se convierte en una reflexión sobre la identidad y la pérdida. ¿Qué queda de Peter Parker cuando nadie le recuerda? ¿Qué sentido tiene ser Spider-Man si no hay nadie con quien compartirlo? La película no responde a esas preguntas de forma explícita, pero las mantiene presentes en cada escena.

La relación con MJ, interpretada por Zendaya, es el eje emocional del film. La química entre Holland y Zendaya, que trasciende la pantalla por su vínculo en la vida real, se convierte en un arma de doble filo: el público sabe lo que ellos significan el uno para el otro, pero los personajes, por el hechizo, no. Esa distancia forzada convierte cada encuentro entre Peter y MJ en un ejercicio de tensión contenida. Ella, que le ha olvidado por completo, siente una atracción inexplicable hacia Spider-Man; él, que lo recuerda todo, tiene que fingir que no la conoce. La escena en la que ella le pregunta si se conocieron antes, y le pide que se quite la máscara para besarlo, es de las más poderosas de la franquicia, no por lo que ocurre, sino por lo que no ocurre: Peter no puede ser él mismo, ni siquiera en el momento más íntimo.

Sin embargo, “Brand New Day” no es una película perfecta, y sus mayores problemas provienen de las obligaciones propias del universo cinematográfico al que pertenece. La inclusión de Mark Ruffalo como Bruce Banner, por ejemplo, se siente forzada y casi anecdótica, como si los productores hubieran exigido un cameo para mantener la conexión con el resto de la saga. La subtrama de la transformación física de Peter, que le acerca peligrosamente a la furia incontrolable, tiene potencial, pero queda diluida entre tantas otras líneas argumentales. Y la villana interpretada por Sadie Sink, aunque la actriz hace un trabajo notable, termina siendo un vehículo para introducir elementos que apuntan más al futuro de la franquicia que al conflicto inmediato de Peter.

El Punisher de Jon Bernthal, en cambio, es una de las incorporaciones más acertadas. Su Frank Castle no es solo un aliado ocasional, sino un espejo oscuro de lo que Peter podría convertirse si deja que la rabia le consuma. Bernthal aporta una mezcla de brutalidad y vulnerabilidad que convierte cada una de sus escenas en un momento destacado. La dinámica entre Spidey y Castle, que va de la desconfianza a una extraña camaradería, añade una capa de complejidad que la película necesita cuando el resto de los personajes secundarios quedan relegados a meras funciones narrativas.

El tercer acto, en particular, es donde la película flaquea. La revelación del villano, que no se puede desvelar para no hacer spoiler, requiere una cantidad de explicaciones que lastran el ritmo y restan espacio al desarrollo emocional de Peter. La batalla final, aunque visualmente impresionante, carece del peso emocional que tenían los enfrentamientos en “No Way Home”. Cretton, que demuestra ser un director habilidoso para los momentos íntimos, parece menos cómodo cuando tiene que resolver un conflicto de dimensiones épicas.

Aun así, “Brand New Day” es una película que toma riesgos, y eso ya es digno de reconocimiento en el contexto actual del cine de superhéroes. Lejos de la ligereza de la trilogía de Jon Watts, esta entrega apuesta por la madurez y el drama, y aunque no siempre logra conciliar sus ambiciones con las exigencias del género, consigue algo más valioso: hacer que Peter Parker se sienta, por primera vez desde que Tom Holland asumió el papel, como un verdadero adulto. Un adulto que ha perdido a sus amigos, que ha enterrado a su tía y que se enfrenta a la vida con la única certeza de que su responsabilidad es más fuerte que su dolor.