Jesús mío y Dios mío, desde hoy te pido perdón, pero no un perdón ordinario como el que suelo pedirte al tratar de enmendar mis faltas, sino un perdón muy especial, el perdón que siempre hubiera querido merecer, por un arrepentimiento verdadero y no por un arrepentimiento temporal, porque así de frágiles somos los seres humanos, que cuando nos llega la alegría al alma nos olvidamos del pecado.

Hoy quiero que me perdones por ser tan débil, por no tolerar el más mínimo dolor del cuerpo, olvidando que el verdadero dolor, es el que Tú tuviste que soportar por todos nosotros.

Hoy te pido perdón por no agradecer el que todas las mañanas me das una nueva oportunidad para vivir.

Hoy te pido perdón por no darle importancia al hecho de poder tener todos mis sentidos saludables.

Hoy te pido perdón por permitir que mi cuerpo sea refrescado interior y exteriormente por el manantial, producto de tu benevolencia.

Hoy te pido perdón por olvidar que me obsequiaste una hermosa familia.

Hoy te pido perdón por mi ingratitud al no apreciar el trabajo que me diste.

Hoy te pido perdón porque al tomar mis alimentos y saciar mi hambre, me olvido de la necesidad de alimentarme con tu bendito cuerpo y beber tu Divina Sangre en la Eucaristía.

Hoy te pido perdón por olvidar que me dotaste de piernas para seguirte y manos para adorarte.

Hoy te pido perdón por hacer mal uso del don de la palabra y olvidar hacer oración para alabarte.

Hoy te pido perdón por darle cabida al odio, cuando mi corazón debería desbordarse de amor por mi prójimo.

Hoy te pido perdón por todas las quejas que emanan de mi cuerpo y de mi mente, porque se me olvida toda la dicha que ha antecedido a mi dolor.

Hoy te pido, Jesús mío y Dios mío, que con tu perdón, reciba también la gracia de la verdadera conversión y que en adelante no hable el cuerpo atribulado por el dolor bien merecido, sino el espíritu agradecido que recibí por tu infinita misericordia.

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