¿Quién nos gobierna realmente?
La guerra, incluso la más trágica, deja de ser sólo una catástrofe humana y se convierte también en una oportunidad para reposicionar mercados
La guerra, incluso la más trágica, deja de ser sólo una catástrofe humana y se convierte también en una oportunidad para reposicionar mercados
La reacción de los gobiernos ha sido la de siempre: aparentar control cuando en realidad solo compran tiempo
La cortesía política se ha borrado porque muchos gobernantes ya no conciben la política como una responsabilidad moral, sino como un espectáculo para su propia hinchada
Sin embargo, insistimos en tratar la guerra como si tuviera un propósito noble, como si el horror fuese un trámite hacia la justicia
La ironía es cruel: a veces el Estado celebra el inicio de un proceso que, mal administrado, multiplica el caos
Si a un alcalde lo meten a la cárcel por extorsionar a una empresa gigante, ¿qué nos queda a la micro y pequeña empresa, que no puede defenderse así?
El maduro políticamente no se eterniza ni se endiosa: Trabaja para que su presencia sea prescindible
Es una llamada a que los estados comprendan que la mera adhesión formal a reglas no garantiza nada si no existe reciprocidad real
Lo verdaderamente importante no es gastar menos, sino gastar con sentido: Garantizar condiciones equitativas para todos los competidores
Seguimos atados a una fuente de energía que no controlamos del todo, cuyos precios se fijan lejos de nuestros congresos