Las mil y un anécdotas
Parece que te veo, parece que te siento, tan hermosa como siempre, preocupada sí, pero llena de confianza en tu sabiduría; la vida te enseñó tanto y por eso nos diste tanto; heme aquí abuela Isabel, a ti a la que todo San Francisco, Santiago Nuevo León le decía tía Chabela; yo a mis 8 años de edad de aquel entonces, sentado en una silla del comedor, observando cómo trajinas en tu cocina, preparando aquel brebaje ancestral para curar mi empacho; de pronto, dejas de menear la vasija que tienes puesta en la lumbre, le bajas la mecha a la vieja estufa de color blanco, que según recuerdo te reglara mi madre en uno de tus cumpleaños, aunque a decir verdad, nunca dejaste de utilizar el fogón donde quemabas la leña o el carbón mientras el humo se deslizaba por el tiro de la chimenea; te acercas a mí, limpias mis lágrimas con la tela de tu delantal café de cuadros, tocas el cabello de mi cabeza y al sentir la palma de tus preciosas manos, por increíble que parezca, me empiezo a sentir bien, me abrazas, sollozo, te veo a la cara y descubro un par de lágrimas deslizándote por tus mejillas y te pregunto: ¿a ti también te duele la panza? Me miras y asientes con la cabeza, y dices: Si mi niño, también me duele, me duele todo lo que les pasa a mis nietos, aunque, a decir verdad, tú siempre has sido muy callado, casi no te quejas, por eso me duele más.
Entonces te abrazo y te digo: Ya no me duele tanto, ya se me está pasando, sólo quédate aquí conmigo, el calor de tu cuerpo es mágico.
Te observo, sonríes y me dices: Tú sabes que para que se complete la magia, debes de tomar este tecito que te he preparado. No abuelita, ya me siento mejor, además sabe muy amargo. Tienes razón, mi niño, es amargo, porque lo amargo te hará recordar que no hay nada más bueno para aliviar los males de los hijos, que el amor de una madre y de una abuela.
Entonces tomé aquel brebaje amargo y cada vez que enfrento un dolor intenso, cierro los ojos y parece que la veo y la siento y me abrazo a su recuerdo, porque no hay amor más grande en la vida que el amor que vine del corazón de una madre, de una abuela, de una mujer en cuyo espíritu reside el amor que María, la madre del nuestro Salvador Jesucristo, que intercede por nosotros ante Dios para sanar de todos nuestros males.
enfoque_sbc@hotmail.com