“¿Por qué estás tú triste? oh alma mía?; y ¿Por qué me llenas de turbación? Espera en Dios; porque todavía he de cantarle alabanzas, por ser él el Salvador, que está siempre delante de mí, y el Dios mío.” (Salmo 42:5).
No se extravíe pues mi pensamiento en el vacío de la nada, no me alcance el tiempo de la angustia que me apura a caminar rápido, cuando es mi deseo ir más despacio, no me cubra la tristeza con su mano gris, cuando se despide de mí la tarde, ilumíname Señor con la luz eterna de tu amor y aleja de mí las tinieblas, para que nunca pierda la esperanza.
Son todas las mañanas con su despertar un milagro para mí, con ansia espero el primer rayo de luz que anuncia tu divina llegada, alégrese mi corazón siempre por saberse tan afortunado y sentirse por ti amado.
Aléjese el llanto y perdure la sonrisa, que no tengo prisa porque ya te encontré y estarás siempre conmigo, regresándome la fuerza y la templanza para enfrentar sin miedo, sin odio y sin venganza todo mal, que por estar cubierto por tu manto no me alcanza, porque camino junto a ti.
Padre, soy el aprendiz de siempre y tú eres mi maestro, llegue a mi alma y corazón tus divinas enseñanzas, para vivir en la confianza, que con humildad camine y con lo poco o mucho que sé, pueda sanar las heridas de los corazones rotos.
Dios bendiga a nuestra familia y bendiga todos nuestros Domingos Familiares, nos muestre el camino, la verdad y la vida, para que nunca perdamos la fe, para seguir adelante y cumplir con la misión que a todos nos has encomendado, de amarnos los unos a los otros para vivir en paz y en armonía.
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