La razón principal por la que surgen las constituciones es para poner un límite al poder. En tiempos pasados, los ciudadanos eran simples habitantes, sin derechos ni libertades reconocidas, totalmente indefensos frente a gobernantes que decidían absolutamente todo y, además, no rendían cuentas. Las revoluciones y los movimientos democráticos sirvieron para que cada país lograra tener su propia constitución y que en este documento se estableciera la división de poderes, la protección de los derechos fundamentales, un poder legítimo, democrático y obligado a rendir cuentas. Cuando estos principios fallan, entonces la constitución pierde la razón de su existencia y comienza a aparentar lo que no es en la realidad, cumple con la forma, pero abandonan el propósito original. Se convierten en constituciones aparentes.
Actualmente el mundo se rige por constituciones, —de hecho—, prácticamente cada Estado funciona bajo algún marco constitucional. En realidad, el problema no es la falta de textos, es la perdida de propósito para el que nacieron, en especial para limitar el poder, proteger y garantizar derechos. John Rawls decía que “una constitución deja de ser autentica cuando las libertades básicas y la igualdad dejan de funcionar como limites reales y se convierten en simples promesas”. Aunque el derecho constitucional comparado es importante, no hace falta consultar indicadores mundiales sobre el desempeño constitucional de cada país para entender que basta con observar la actuación de algunos gobiernos para advertir que o no respetan cabalmente su propia constitución, o ésta es solo un texto ornamental.
Los grupos políticos con posturas radicales ya sea de derecha o de izquierda, pueden tomar el poder de dos maneras, de forma violenta o por la vía democrática, sin embargo, una vez en el poder, a menudo advertimos que no garantizan los principios fundamentales que una constitución debe establecer, es decir, se da una simulación y en ocasiones apoyada en tintes populistas. Por mencionar un ejemplo, en Venezuela en el año de 1992 Hugo Chavez participó en un golpe de Estado contra el entonces presidente Carlos Andrés Pérez, fue encarcelado y en el año de 1994 fue liberado, para después someterse a un proceso democrático, quien, con promesas falsas y enemigos ficticios, finalmente llega al poder en el año de 1999. Ya como presidente promovió la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, cuyo articulado contenía valores como la libertad, igualdad, democracia y responsabilidad, pero en la práctica era solo una retórica que contrastó con la realidad, su postura totalitaria destruyó las instituciones y se convirtió en un dictador. Este caso nos señala el verdadero significado de una constitución aparente.
Otro referente es lo que sucedió en Cuba, de forma violenta, una revolución armada encabezada por Fidel Castro derribó el gobierno de Fulgencio Batista en 1959. Mas tarde, se reconfiguró el orden constitucional, primero con la Constitución Socialista de 1976 y después con la Constitución de 2019, que es la vigente, aunque reformada posteriormente. Este caso expone al gobierno cubano, ya que en su texto normativo incluye la protección y garantía de los derechos fundamentales, se define como un Estado democrático, sostiene que la soberanía reside en el pueblo y hasta prevé el control y la rendición de cuentas, principios escritos en papel, pero que en la práctica están lejos de cumplirse plenamente.
El control constitucional es el procedimiento que garantiza que la supremacía constitucional funcione en un país. Cuando un acto de autoridad o una ley es contrario a la constitución se utilizan mecanismos para dejar sin efecto dicho acto. El ejemplo histórico de Marbury vs Madison en 1803 marco un hecho relevante. La Corte Suprema de Estados Unidos, presidida por John Marshall, sostuvo que tenía la facultad para proclamar una ley inconstitucional. William Marbury reclamaba un cargo que el gobierno no le había entregado. La corte resolvió que la parte de la ley en la que Marbury basaba su reclamo era contraria a la Constitución, por lo tanto, no le concedió su puesto, aun cuando la ley fue aprobada por una mayoría en ambas cámaras. En la división de poderes, el Poder Judicial asume el papel de guardián de la Constitución como un límite al poder, —en este caso—, al poder legislativo y al poder ejecutivo para evitar que cualquiera de ellos esté por encima de la constitución. Para que tengamos una idea de la magnitud de estos eventos históricos, el no tener un control constitucional o no poner un límite al poder, podría suceder un día cualquiera, que una ley o un acto de autoridad, por más absurdo y arbitrario que fuere y que de forma evidente dañara nuestros derechos fundamentales, no podría ser sujeto de control alguno, a tal grado que quedaríamos totalmente indefensos.
Hoy los gobiernos totalitarios con apariencia democrática sean de derecha o de izquierda, nos presentan un escenario que no cuenta con una realidad válida que lo respalde. El ingrediente populista y su retórica nos están dirigiendo a vivir en una realidad totalmente alejada de los hechos, se habla de principios éticos, pero se abandonan en la práctica. Se dice que hay democracia, pero se atacan las instituciones que la sustentan. Hablan de división de poderes, cuando en realidad, estos son inexistentes. Por ello, es el momento de preguntarnos, donde quedaron aquellos principios constitucionales que florecieron en el siglo de las luces y que dieron origen a lo que hoy entendemos por Estado de Derecho. Que pasó con la soberanía por la que nuestros antepasados lucharon para sostener los derechos fundamentales cuando necesitaban ser garantizados y defendidos. Que ha sido del estado democrático en donde las minorías deben ser escuchadas. Donde están los contrapesos necesarios para que se de el sano equilibrio del poder.
Un país debe tener una Constitución auténtica, que se cumpla y que funcione de manera efectiva en la realidad, que no sea solamente una simulación. Por ello, la tarea en quien recae que estos preceptos se cumplan, es en el ciudadano, quien debe exigir al gobernante, que ejerza el poder, cumpliendo con el mandato constitucional como es el garantizar los derechos fundamentales, respetar el estado de derecho, la división de poderes y velar por el bien común de todos. Recordemos a Mahatma Gandhi quien señalaba que “una democracia disciplinada e ilustrada es la cosa más bella del mundo. Una democracia plagada de prejuicios, de ignorancia y de supersticiones solo puede desembocar en el caos y acaba destruyéndose a sí misma”.