El desabasto de agua potable en Ciudad Mante se ha convertido en una crisis de impacto social, educativo y económico, evidenciando la falta de planeación, coordinación y respuesta oportuna por parte del gobierno municipal y la Comisión Municipal de Agua Potable y Alcantarillado (COMAPA).
Las afectaciones no se limitan al ámbito doméstico. La suspensión de clases, desde nivel kínder hasta universidad, ha sido la opción ante la imposibilidad de operar sin condiciones mínimas de higiene. A ello se suma el incremento del riesgo sanitario, con posibles enfermedades gastrointestinales, cutáneas y problemas de salubridad básica entre la población.
La vida cotidiana de las familias también se ha visto alterada. Miles de hogares destinan tiempo y recursos adicionales para conseguir agua, mientras comercios, actividades agrícolas, ganaderas e industriales enfrentan pérdidas por la falta del suministro continuo.
Pese a la magnitud del problema, persiste la percepción ciudadana de descoordinación entre la alcaldesa Paty Chío, la COMAPA encabezada por el ingeniero Salomón, y Protección Civil, particularmente en la logística y atención emergente mediante pipas. Vecinos de distintos sectores señalan que el apoyo llega tarde, de forma irregular o simplemente no llega.
Esta situación ha profundizado la desigualdad social, ya que las colonias y comunidades más vulnerables son las más golpeadas por el desabasto, mientras la inconformidad crece y se traduce en protestas, reclamos públicos y pérdida de confianza en las autoridades.
En respuesta, el Cabildo aprueba inversiones para la compra de equipo, se acordó la compra de dos bombas, cada una con un valor aproximado de 870 mil pesos.
En El Mante, la crisis del agua ya no es solo un problema técnico: es un tema de gobernabilidad, afirman los lugareños.