Y cuando llegué ahí, la verdad, no supe para donde voltear, porque de conocer a muchos, de pronto, todos me parecieron desconocidos, pero, aun así, me acerqué a los que me sentía más unido, y resulta que ya no era yo visible para ellos, pues les hablaba y no escuchaban, les mostraba las cosas de mi interés, y resulta que como no eran de su interés se desvanecía la comunicación con un esperarte, un discúlpame, o lo vemos luego, entonces yo me preguntaba: ¿Luego? ¿Cuándo es luego?
El tiempo suele ser muy impreciso, pues resulta que no se concibe como igual para todos, no obstante se rige globalmente por un horario establecido, eso para que se pueda planear todo aquello que se desea realizar; desafortunadamente yo había dejado de planear mis actividades desde años atrás, sí, cuando noté que ya no tenía ninguna influencia para atraer a los que un día llegué a pensar que valoraban en algo mis ideas o estimaban mi forma de ser; créanme que lo intenté muchas veces, pasé años intentándolo pero cada vez veía más lejano mi propósito; en fin, no se trata de justificar el aislamiento familiar o  social, podría decirse, que todo ocurre en la vida por alguna razón, la mayoría de las veces la obviedad  salta a la vista, otras, pareciera que el hecho de que se viva anhelando algo que no se ha podido lograr, termina por vencer tu resistencia y cuando menos lo esperas el tono de tu voz es tan bajo que ni siquiera tú puedes oírte.

Cuando llegas a la esquina y te preguntas: ¿Ahora por dónde? O lo que es peor: ¿Ahora a dónde? Y antes de decidir cualquier movimiento, volteas atrás, no sé si para regresar por donde viniste o para recordar cada uno de los momentos que consideraste se dieron lugar tus mayores logros, entre ellos: escapar de la depresión infantil, encontrar buenos amigos, enamorarte, estudiar una carrera, tener un trabajo, formar una familia, tener casa propia, comprar un auto, posicionarte en el área de tu conocimiento, servir a tu prójimo; sí, todo eso no sólo parecía lo que mayormente anhelaba, sino que en verdad en su momento lo fue, pero habría que reconocer, que había algo más que me faltaba lograr, algo muy íntimo, de otra manera no me podría explicar por qué seguía caminando, por eso, cuando después de muchos años llegué a la esquina, ahí donde podría decirse tenía que tomar un nuevo rumbo, me detuve para preguntarme a mí mismo: ¿Qué es lo que te falta?
Entonces, dirijo la mirada, ya no hacia un lado o al otro de aquel infinito camino, la dirijo al cielo buscando que la respuesta venga del Altísimo, y al permanecer todo en silencio, cierro los ojos y veo hacia mi interior y me doy cuenta que la respuesta siempre estuvo ahí, esperando por mí, con tanta paciencia que tuvieron que pasar muchos momentos para saber que por más satisfactores que tuve, lo que me faltó fue amarme a mí mismo, no porque quisiera enaltecer mi egolatría, sino para percatarme que por más que se dé uno a los demás, buscando con ello el visto bueno de Dios,  él sólo quería para mí, que fuera feliz, sabiendo que me amaba sin condición.

He ahí, que seguir el camino, la verdad y la vida, es amar como Jesucristo nos ama, no encontraremos ninguna esquina para dar vuelta, no habremos de caer en la tentación de regresar, porque más adelante nos espera Cristo y con él vivir en espíritu en la eternidad prometida.

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