El consuelo

Si un inesperado día se me acabaran las palabras,

y no pudiera con mi voz decirte cuanto te amo,

le pediría al calor de mi cuerpo, aún humano

que libere la última gota que me da energía

para hacerte saber que eres mi noche y día.

 

Si un día de tanto esperar que regrese a mí la alegría,

llegara a mi ser un sentimiento indiferente,

ven a darme un cálido beso aquí en la frente,

para sentir el alivio del consuelo al saber

que, aunque sea ahora mi anatomía diferente,

vea, en tan emotiva expresión de afecto, que aún me quieres,

y recordar con ello que en un tiempo solo fuiste mía.

 

No me aqueje la nostalgia con esta soledad tan fría,

pudieras pensar que el invierno se quedó conmigo,

pero la verdad es que en mi alma aún hay primavera

y siempre florece en mi corazón la paz y la armonía

porque mi cuerpo, mi mente y mi espíritu en Dios confía.

 

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