Espíritu iluminado

Me miraba en el espejo del agua del arroyo,

en aquella soledad inesperada, en que buscaba

verme reflejado, una vez despojado de mi orgullo,

más, sólo podía ver el fondo, donde se lavaba

el suelo, que serviría a tus divinos pies de apoyo.

 

Me miraba sin verme, y la cabeza levantaba,

al escuchar la suave pisada del pie divino tuyo,

y acompañado ibas, oh Jesús, con tu fiel avanzada,

por el camino que se iluminaba, con la luz del rayo,

que del cielo engalanaba a tu figura tan amada.

 

Me miraba en el espejo de tus ojos como arrullo

recibiendo el amor que alegró mi faz cansada,

y con la fe del templo que en mi corazón construyo,

para alabarte por siempre, esperando tu llegada,

y recibir así la gracia, de ser un humilde siervo tuyo.

 

Al tocar con mi mano impura el agua bendecida,

quedó mi vida libre del pecado en un destello,

y mi alma agradecida, fue al instante perdonada

reflejándose en el agua, mi espíritu iluminado.

 

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