Yo sé que están en algún lado, y podrían llegar por medio de la inspiración, motivada por eventos externos o internos. Me he preguntado por años, si están resguardadas en mi cerebro o en mi corazón, o si vendrán de otra dimensión, y si he sido yo sólo un medio o una herramienta universal para su difusión. Ya he esperado bastante, y en muchas ocasiones, pareciera que estoy a punto de encontrarlas, mas es tan difícil no caer en la tentación de revelarlas una vez encontradas, sobre todo, cuando aún no se tiene la suficiente madurez espiritual, porque la fragilidad humana es una realidad y tierra fértil para abonarle triunfos al lado oscuro.

El camino no ha sido fácil, 46 años parecen muchos, pero en realidad, son pocos cuando se presume la sospecha espiritual de ser poseedor de algo importante pero intangible, y que se revela sólo en ocasiones especiales, emergiendo como una fuerza vacilante, pero con un poder indescriptible, que, de no poseer la virtud para controlar, puede tener la dualidad de ocasionar tanto efectos positivos, como negativos, en lo individual, o en lo colectivo.

Entre sueños y vigilia, la luz que precede a la verdad se enciende, languidece, pero no se extingue, y llegará a la humanidad para generar un cambio sorprendente, parte del mensaje ha sido revelado, siendo ahora más los incrédulos que los creyentes.

Yo sé que están en algún lado y los que permanecen sordos escucharán, los de ceguera espiritual podrán ver, los que involuntariamente son paralíticos caminarán, los de corazón duro se ablandarán, y los mudos espiritualmente hablarán.

 

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