“Para que no se pueda abusar del poder, es preciso que el poder detenga al poder…”

Montesquieu

¿Es lo mismo crimen organizado que narcotráfico?

La pregunta parece ociosa, porque sin duda ambos delitos poseen múltiples puntos negativos comunes. Los dos causan muertes, los dos mueven fortunas ilegales inmensas y los dos han dejado una quemante estela de dolor en miles y miles de familias en prácticamente todo el país.

Y sin embargo, hay quienes perciben diferencias en ellos.

En estos días violentos y como nunca antes aciagos en México, convulsionado por la tragedia de Sinaloa que permea a otros estados y el acoso del gobierno estadounidense, sin buscarla cayó en mis manos –y en mis oídos– una entrevista realizada años atrás, en junio del 2018, al médico José Manuel Mireles, en ese entonces líder fundador del grupo de autodefensas creado en Michoacán, que intentaba contrarrestar en ese territorio el poder del grupo dominante en esa época.

Vale la pena resumir en estas líneas su visión y por lo tanto me permito exponerla al juicio del lector, quien siempre tendrá la mejor opinión.

Palabras más, palabras menos, Mireles sostenía que el narcotráfico tradicional no necesariamente afecta al pueblo, mientras que la delincuencia organizada busca someter a la ciudadanía.

“Vayan ustedes con un empresario o un agricultor y pregúntenles quien es el narco y qué es el crimen organizado y sabrán por qué lo digo”, señaló, “brincos diéramos si fueramos un narcoestado”, señalaba, para sorpresa de quienes lo escuchaban escandalizados.

Y precisaba: “Voy a hablar de mi pueblo, Tepalcatepec; ¿A quién creen que les debemos las escuelas, las clínicas, el agua potable, la luz y hasta las iglesias?”…a los narcos, no al gobierno”.

Hasta ahí dejo la percepción de Mireles y que cada quien obtenga sus propias conclusiones, pero con esa descripción personal del médico no puedo dejar de establecer un escenario similar en el viejo Tamaulipas.

Quien tuvo la experiencia de conocer la frontera tamaulipeca 40 o 50 años atrás, con seguridad fue testigo de un panorama muy parecido a lo que señalaba el líder de las autodefensas michoacanas.

Era común desde Matamoros hasta Nuevo Laredo una visión social parecida. Florecían restaurantes, hoteles, ranchos, agencias automotrices, el comercio en general –Miguel Alemán adquirió prestigio binacional por la fabricación de botas finas– y la industria maquiladora era un cuerno de la abundancia con empleos bien pagados. Sí, eran los tiempos que describía el médico Mireles en su tierra natal, pero en territorio tamaulipeco.

No hay en el presente punto de comparación entre Sinaloa y Michoacán con Tamaulipas. Tenemos la fortuna en esta patria chica de conservar el imperio del Derecho, de mantener a la población con niveles satisfactorios de seguridad y ser uno de los estados con mayor desarrollo económico y social en México. Es un hecho que nadie puede desmentir.

Sólo me pareció interesante exponer la percepción de quien, como José Manuel Mireles, nació como luchador social y terminó contra su voluntad como otro enemigo de la ley.

No siempre tener buenos deseos, queda claro, es el camino de la ley…

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