El tema del acomodo de clases por las altas temperaturas y el Mundial de Futbol finalmente llegó a su fin, pero dejó abierto un debate importante sobre la labor de los maestros en las aulas. Y qué mejor momento para hablar de ello que esta semana, en la que estaremos conmemorando el Día del Maestro.
La decisión de la SEP de escuchar, a regañadientes, a los padres de familia que pedían no adelantar las vacaciones porque no tendrían dónde dejar a sus hijos mientras trabajan, terminó provocando que muchos docentes alzaran la voz.
Y la realidad es que tienen razón.
Los maestros no son guardería, ni niñeros, ni responsables absolutos de la educación y conducta de un niño. No pueden seguir cargando solos con responsabilidades que también corresponden a la familia y al gobierno, todo por un sueldo que muchas veces no refleja la enorme responsabilidad que tienen frente a grupo.
Mientras al docente se le exige cada vez más, muchas escuelas siguen careciendo de apoyo real, materiales, infraestructura y condiciones dignas para trabajar. Hay maestros dando clases con calor insoportable, sin aire acondicionado, con grupos saturados y además enfrentando problemas sociales que llegan desde casa.
El maestro acompaña en el aprendizaje, guía, forma y deja huella en el corazón de sus alumnos, pero la educación empieza en casa. Son los padres quienes debemos enseñar valores, disciplina y respeto. Y quizás también hace falta que como sociedad nos involucremos más en la vida escolar de nuestros hijos.
Por otro lado, dejó muy mal parado el comentario del secretario de Educación Pública, Mario Delgado, cuando justificó su intención de adelantar las vacaciones diciendo que después de la entrega de calificaciones, el 15 de julio, ya no hay propósito pedagógico en las aulas y solo se cumplen temas administrativos.
Decir que las escuelas permanecen abiertas “solo para cumplir un conteo” o que se convierten en “una estancia forzada” termina desvalorizando todavía más la labor docente. Y peor aún, evidencia que desde la propia autoridad educativa no se ha hecho lo suficiente para aprovechar realmente ese tiempo en beneficio de los alumnos.
Sin duda, la educación sigue siendo uno de los grandes pendientes en México. Pendiente para los estudiantes, para los padres, para los gobiernos y también para las condiciones en las que trabajan miles de maestros todos los días.
A los maestros, nuestro agradecimiento, nuestro respeto y admiración por la labor tan ardua que realizan por nuestros hijos, pese a las carencias, pese a las presiones y, en muchos casos, pese al propio desinterés de los padres de familia.
Que Dios los bendiga, gracias.
Leo sus comentarios en mis redes sociales.