De esas pocas veces que hubiese querido que fueran muchas, he de reconocer, que no alcanzaba a ver todo lo maravilloso que me ofrecÃa la vida, más, de lo poco que podÃa ver en el tiempo en que mi mente se ocupaba más de atender aquella necesidad de ser amado, sentÃa que era prioridad fotografiar aquellos hermosos escenarios de lo que parecÃa una vida feliz; veÃa pues lo más importante, tal vez porque nunca tuve lo suficiente para acallar el lamento de un alma vieja que le habÃa prometido a mi cuerpo de niño lo mejor para ser una fuente generadora de alegrÃa, donde abundan las sonrisas, donde nunca faltará la imaginación para crear el mundo al cual querÃa pertenecer, y sÃ, yo me sentÃa el protagonista de la historia de una familia feliz, mientras contemplaba cómo el agua clara del arroyo se deslizaba sin prisa, asumiendo para mÃ, el mensaje de: La paz sea contigo, que nada te angustie o te quite la calma, porque nada ni nadie en el mundo, podrÃa arrebatarte estos momentos, porque son en sà mismos una vida completa; ahora dirige tu mirada tu familia, mira a tu amado padre, como siempre, sudando de su frente, viéndose a sà mismo como el joven que siempre quiso ser, tratando de asimilar el cómo fue posible que se haya convertido en el padre de diez hijos, resignándose a pensar que todo llevaba su cause, no importando que su tiempo se viera acortado, pues bien sabÃa, que harÃa lo posible por disfrutar lo que a su sentir no pudo hacer, mientras su cuerpo querÃa dejar la huella de su presencia en aquel momento único e irrepetible.
Ahora voltea de nuevo a contemplar la claridad de las aguas del arroyo, observa cómo éstas siguen su curso y se van perdiendo en la distancia, dejándose llevar también por su tiempo, que, no siendo suyo, se le ha obsequiado para ser testigo de que fue visto por ti, siente cómo tu alma ha tomado para sà la velocidad que no tiene prisa, y se adapta a los tiempos de tu cuerpo mortal para estar en armonÃa con la naturaleza.
Regresa tu mirada a la reunión familiar, mira el rostro de tu amada madre, en él se refleja una hermosa niña, la misma que gracias a sus virtudes se sostuvo toda la vida como la consentida de sus progenitores, mÃrala bien, ella ahora ha volteado a verte en aquella aparente soledad que te condujo al arroyo de aguas tranquilas, es una mirada de amor infinito, ella sabe por lo que estás pasando, pero tiene plena confianza en ti, porque sabe quién está a tu lado mirando la paz y la claridad del agua que da calma a tu alma, ella observa amorosa viendo al niño que ahora se hinca para recibir el bautismo que mantendrá eternamente viva y gozosa a tu alma.
De esas muchas veces que he soñado despierto, en que todo lo que has querido se te ha obsequiado, has sacudido tu alma para despertarla al amor de todos los que has amado y te aman.
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