No hace falta que un dato sea falso para que engañe. Basta con que esté incompleto y que uno complete el resto por su cuenta.
El martes pasado la presidenta Sheinbaum rindió su Segundo Informe de Gobierno, con dos años cumplidos. Conviene decirlo de entrada, porque si no la discusión se vuelve tribuna: Ninguna de las cifras que dio esta inventada. Varias describen logros reales. Y aún así, buena parte del informe funciona por lo que no se dijo.
Aristóteles le puso nombre a este mecanismo hace veinticuatro siglos y le dedicó el centro de su Retórica. Lo llamó entimema: Un silogismo al que le falta una premisa a propósito, porque el que escucha la pone solo. Y sostenía que persuade más que una demostración completa, precisamente porque el oyente que llena el hueco siente que la conclusión la sacó él. En el libro segundo dedica un apartado entero a los entimemas aparentes, que son los que se ven bien armados y no lo están. Ese apartado se puede leer hoy como un manual para ver informes de gobierno.
Vayamos a las cifras.
La inversión extranjera directa alcanzó 34 mil 968 millones de dólares en el primer semestre, máximo histórico. Verdadero. La premisa que nadie dice en voz alta es que un récord de inversión significa capital nuevo llegando al país. Y resulta que el 88.5 por ciento de esa cifra es reinversión de utilidades, es decir dinero que ya estaba aquí y que se quedó. Inversiones nuevas, 7.8 por ciento. Además, el segundo trimestre registró una caída anual de 3.5 por ciento. El récord es cierto y describe algo bastante distinto de lo que uno entiende al oírlo.
Sesenta millones de personas ocupadas, máximo histórico. Verdadero también. La premisa faltante es que estar ocupado equivale a tener empleo en condiciones dignas. En el mismo período, la informalidad ronda el 54.8 por ciento: Treinta y dos millones y medio de mexicanos trabajando sin seguridad social. El número creció. La condición no.
Los ingresos del Gobierno federal llegaron a 6 billones 46 mil millones de pesos, cifra histórica. Verdadero. La premisa faltante es que un récord en pesos corrientes significa algo. Con inflación de por medio, casi cualquier año rompe el récord del anterior, y por eso los economistas serios comparan en términos reales o como proporción del producto. Un máximo nominal es el tipo de dato que se aplaude solo.
Veinticuatro productos de la canasta básica bajaron 12 por ciento. Verdadero. La premisa faltante es que esos veinticuatro representan lo que usted paga. La inflación anual de julio fue de 3.12 por ciento, y ahí van los productos que no se escogieron.
Ahora el caso más delicado, y hay que tratarlo con cuidado porque es el que sí tiene sustancia. El homicidio doloso cayó 51 por ciento, de un promedio de 86.9 diarios en septiembre de 2024 a 42.5 en julio de 2026. Cuarenta y cuatro asesinatos menos cada día. Esa caída es real, es grande, y quien la niegue está haciendo exactamente lo mismo que critica. La premisa faltante aquí es otra: Que el homicidio doloso mide la violencia. La oposición contrapuso que en el mismo período las desapariciones pasaron de 16 a 31 diarias y otros delitos contra la vida de 15 a 40. Y hay una diferencia conocida entre los registros del sistema de seguridad y los del INEGI que nadie ha terminado de explicar. Una cosa bajó. Preguntar qué hicieron las demás es la obligación mínima de cualquiera que lea.
Está también lo que no apareció. Amnistía Internacional señaló que el informe omitió la crisis de desapariciones y las agresiones contra periodistas y defensores. Un informe se lee tanto por su índice como por su contenido.
Y un detalle que conviene anotar porque desordena la lectura fácil. El informe reportó 1.4 por ciento de crecimiento; el INEGI reporta 1.5 trimestral y 2.1 anual para ese mismo trimestre. Ahí el gobierno se citó por debajo de la cifra oficial. Quien crea que aquí hay una máquina de inflar números tiene que explicar ese caso. Lo que hay es algo más ordinario y más difícil de combatir: La selección del encuadre.
Escribí en Gobernados por Nadie que la manipulación contemporánea ya no necesita censura, que le basta con ruido, con velocidad, con distracción. Un informe de gobierno es la versión ordenada de eso. Nadie miente. Se elige el año de comparación, el período, la población y el indicador, y con eso alcanza.
Por eso vale más un método que una indignación. Ante cualquier cifra que le presuman, de este gobierno o del que venga, haga cuatro preguntas: ¿Comparado con qué año? ¿En qué período? ¿Con qué población? ¿Quién midió el indicador? Si la cifra sobrevive las cuatro, es un logro y hay que reconocerlo. Si se cae en alguna, usted acaba de encontrar la premisa que le escondieron.
Le pido que no guarde el método para un solo lado. Sirve exactamente igual con los números que presenta la oposición, escogidos con el mismo cuidado y la misma aritmética conveniente. En 2018 el discurso oficial era otro y los aplausos venían de las mismas gargantas, cambiadas de bando. Aquí lo único que se ha movido es quién tiene el micrófono.
Y ya que estamos, aplíquele las cuatro preguntas a esta columna. Yo también escogí qué cifras poner y cuáles dejar fuera, y también me convenía que el argumento cerrara. La diferencia entre la presidenta y yo es que a mí usted me puede dejar de leer el martes que quiera.