No es que estemos tan mal, sólo que no hemos hecho la tarea.

En materia de educación, como en otras actividades inherentes al ser humano, hemos vivido una serie de importantes cambios; quienes rozamos la quinta o sexta década de existencia hemos sido testigos de cambios radicales en la tecnología, ciencia, medicina y todo lo que nos rodea.

En la década de los ochenta, cuando las primeras computadoras llegaron a casa, había actualización de modelos una vez al año. Los celulares también presentaban modelos cada 12 o 18 meses, con novedades que nos dejaban con la boca abierta.

Hoy, tenemos tres o cuatro actualizaciones por año, y clara muestra son las aplicaciones que utilizamos en el celular y que casi cada semana se actualizan, en acciones hasta cierto punto molestas… pero necesarias.

Así sucede en la educación.

Nos encontramos con las llamadas “Nuevas Tecnologías” -NT- que se resumían en avances de video e informática; más adelantes tuvieron que ver con la televisión por satélite y cable, el CD-ROM y los llamados hipertextos.

Algunos de nosotros batallamos para incorporarlos a la vida y las clases, por diversas razones, pero el caso es que ha habido cambios sustanciales.

Y éstos han afectado el comportamiento de los niños y los adultos, los jóvenes y los profesores, aunque hay algunos que siguen en su caparazón antiguo.

La hora de cambiar está latente, y los chicos lo saben. Hoy, cualquier muchacho llega con su unidad de almacenamiento USB y su clase en algún presentador de diapositivas; lejos está el tiempo en que utilizábamos el rotafolio o el proyector de transparencias y las filminas. Hoy, nos hemos adaptado, y con esa dinámica, hay que entender que los planes de estudio deben adaptarse.

Muchos años han pasado y no sufren modificación alguna, y el producto es malo: hay profesores que tienen un criterio más cuadrado que un lado de cubo, y no quieren salir con un poco de criterio a evaluar. Lo vivimos, lo sufrimos diariamente.

Es entonces cuando hay que pensar en un método de educación acorde a las necesidades de nuestros tamaulipecos, niños, jóvenes y adultos. Pensar también en una forma en que los profesores puedan adaptarse a esta dinámica, y pensar en adaptarlos de acuerdo a los avances tecnológicos y la accesibilidad que hoy en día nos permite tener cualquier dispositivo con datos interconectados, lo que constituye la mayor de las facilidades para accesar a todo tipo de información, y a facilitar la tarea y el aprendizaje.

Y en ese contexto, el gobierno de Tamaulipas ha convocado a quienes tengan interés, preparación y vocación para que participen en una reforma educativa que México reclama y que los tamaulipecos queremos, porque nos gustaría que los hijos de hoy tengan lo mejor en materia de formación, y es un sentimiento generalizado.

Es momento de echar mano de todos nuestros talentos, pero viendo un poco a futuro, porque de otra forma no serviría de nada.

El cambio en la educación es inminente: deberán renovarse o “morir” aquellos que aún hoy piden 4 o 7 copias de cualquier oficio de trámite, que tienen una mente cuadrada y no permiten una “a” por una “u” cuando se puede hacer más eficiente un modelo.

Aquellos maestros obsoletos que nos piden memorizar los apuntes, que nos piden copiar varias veces en el cuaderno “para que se aprendan los conceptos”, deberán entender que son otros tiempos.

Hoy, la educación ha dado un giro muy drástico, y tenemos que adaptarnos a él, nos guste o no, porque los estudiantes de todo nivel vienen empujando fuerte.

Hoy, como miembros del sector educativo, hay que entender que un celular con acceso a la red y una “tablet” son complemento de nuestros sistemas de formación.

Y la actualización es necesaria, puntual y urgente, antes de que nos alcance otro movimiento de cambios.

Comentarios: columna.entre.nos@gmail.com