° Con todo respeto para Ernesto

 

 Por el amor de Dios el Episcopado de México vuelve a meterse en política, dando una imagen distorsionada de la violencia que se vive, y no porque alegue que hoy no hay violencia, sino porque antes el Episcopado no se percataba de ello.

En México, en el nuevo México de las narrativas, en el México de las Fake News, en el México de las manos limpias pero la cola sucia, en el México que desde hace 24 años se le entregó al crimen organizado, el México de Fox, el México de Calderón, el México de Peña Nieto, el México de Cabeza de Vaca, en ese México de la memoria corta y la sordera constante, en ese México no cabía ninguna crítica del Episcopado.

Ese Episcopado nunca vio que del 2000 al 2018, el salario mínimo de los trabajadores bajo de 9.73 dólares a 4.30 dólares al día, en todo el país.

Entiendo que los miembros del PAN se sientan frustrados, pues la esperanza de muchos de que, con el cambio a ese partido a inicios de siglo, este país cambiaría se fue al caño, cuando por los acuerdos cupulares le devolvieron la copa al PRI vía Peña Nieto.

El contubernio oculto del 2000 al 2018 fue evidente entonces y hoy hasta un hueco le hicieron al PRD.

El episcopado no tiene vergüenza, lo que debería de hacer es pedir disculpas a toda la clase trabajadora del país, porque pudo hacer algo entonces, pero prefirió callar a cambio de algo, así que pedir perdón, sería mejor que opinar de política o de compromiso social.

Y esto lo escribe un católico, apostólico y romano, que se siente ofendido por el olvido del sentido social de la religión, pues la interpretación de ofrecer la otra mejilla y extender la mano, son completamente incompatibles.

Toda la sociedad lo sabe, nuestros padres fueron gente de trabajo que sacaron adelante a su familia dándonos poco a poco un mejor nivel de vida y proveyéndonos de mejor educación, bueno pues gente como ellos, entre el 2000 y el 2018 no pudieron hacer lo mismo con sus familias, pues ese periodo fue el de mayor explotación del hombre por el hombre en nuestra patria moderna.

Tener un sentido crítico no me hace menos católico, sigo comulgando los domingos y respeto el rito en las bodas y los sepelios, procuro mantener la calma y no guardo resentimiento alguno, a pesar de que la desaparición de muchos negocios fue producto de esa época de explotación, pues la mayoría de los clientes de cualquier negocio eran obreros y campesinos a quienes en 18 años les pulverizaron su salario.

Puedo parecer resentido porque siempre escribo de lo que yo viví, pero no lo estoy, quiero eso sí, un mejor futuro para mis nietos, aunque sé que irremediablemente terminaran migrando buscando mejores condiciones de vida.

La narrativa de los clérigos va desde la inseguridad que se vive ahora, hasta del temor y de la indefensión que se vive, pero esos mismos sacerdotes no se quejaron cuando desde un helicóptero asesinaron a uno de ellos en la Colonia Obrera, ni cuando un vertical sacerdote criticó a la guardia estatal y al gobernador para terminar en el atrio apuñalado.

Dicen que hoy es insoportable el clima de violencia que antes nunca vieron, tal vez porque no vivieron lo que yo viví en el 2010, ese año me apuntaron en dos ocasiones con Cuerno de Chivo directamente a la cara y a escasos centímetros.

La razón, circular por donde ellos no permitían, entrada a Ciudad Mier y en el Puente cuatro caminos por un bloqueo en operación.

Sentí miedo si, sentí mucho miedo, pero a finales de ese año, yo tenía en mi directorio telefónico 12 amigos asesinados, con bala directa o con bala perdida, pero ahí estaban en mi directorio, en el 2011 tenía 6 compañeros periodistas desparecidos también. Durante años estuvieron ahí guardados sus teléfonos con un asterisco que me recordaba cuanta victimas cargaba en el directorio de mi teléfono celular.

Así que hoy, cuando me cuentan las terribles cosas que se viven, basadas en una narrativa política, no me importa que alguien considere que yo,  NO SOY SERIO EN MI ANALISIS.

Jorge Alberto Pérez González

 

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