Seguramente fue por un mal reparto, pero finalmente cayó un alto funcionario gubernamental, del área de la Secretaría de Hacienda, acusado de crear una red de corrupción que involucra hasta a diputados federales y locales, vinculados con aduanas.

Se trata del administrador central de apoyo jurídico de aduanas, dentro del Servicio de Administración Tributación, la temible Lolita, un señor de nombre Marcoflavio Rigado

Soto, que traficaba con la importación de autos chuecos o chocolates, cobro de sobornos en la importación fraudulenta de mercancías y hasta venta de patentes de agente aduanal.

Por las manos de este angelito y sus cómplices en todas las aduanas de México, pasaban los permisos adulterados de comercio internacional, el llamado contrabando documentado, que invadió a México de mercancía chatarra, armas y todo lo que prohíbe la ley.

Así como este funcionario de cuello blanco en Hacienda, encumbrado, intocable, influyente, poderoso, que dominaba toda la gama de delitos cometidos en aduanas, existen otros funcionarios como él, que manejan las cosas chuecas en PEMEX y el robo de hidrocarburos, en la PGR con los nexos con los delincuentes.

Revelaciones de la prensa nacional ponen de manifiesto que PEMEX, por ejemplo, no utiliza los sistemas de detección de fugas ilegales en sus tuberías, y que sus propios funcionarios encargados de descubrir fallas en los flujos de gasolinas, están involucrados con los huichicoleros.

El robo de gasolinas nunca se detiene ni castiga, porque son los propios funcionarios de la empresa petrolera, los que la protegen, así como hacía Marcoflavio en las aduanas corruptas.

Si la narco-violencia no puede abatirse, es porque cuenta con la protección de altos funcionarios gubernamentales.

Reynosa dio ayer otro ejemplo de esta impunidad. Desde la noche del lunes y la madrugada y todo el día martes, hubo balaceras, persecuciones, abatidos, bloqueos, choques contra vehículos de personas ajenas y muertes de inocentes.

Los marinos volvieron a hacer de las suyas. Perseguían un vehículo lleno de sicarios y les tiraban bala a lo loco. Un ranchero que ingería sus alimentos en la vía pública, carretera a Matamoros, cayó muerto con la espalda perforada por proyectiles.

Luego, la loca persecución por el bulevar Hidalgo provocó un choque múltiple y adultos y niños que viajaban en diferentes vehículos, quedaron regados en el pavimento, algunos heridos hasta por esquirlas de balas militares.

Un pobre muchacho que se tiró al suelo al escuchar las detonaciones, no se escapó del infortunio, pues la camioneta de los marinos pasó por encima de su cuerpo. El número de fallecidos, entre militares, delincuentes e inocentes, es impreciso. Los daños materiales son cuantiosos.

Ciudad Victoria y Río Bravo también tuvieron bajas, pero el gobierno del Estado oculta la información.

También sube de tono la guerra política. Personeros de Oscar Luebbert Gutiérrez gritan que Alejandro Guevara Cobos asesta otro golpe mitómano al asegurar que cuenta con la complacencia de Enrique Ochoa Reza, para ser ungido como candidato de unidad.

Es un albazo, protestan los simpatizantes del ex Senador de Reynosa, y le exigen a Lucino Cervantes Durán, que meta orden y deshaga el blof.

Guevara tuvo la osadía de solicitar su registro como candidato a la presidencia del PRI, sin cumplir el requisito de presentar un listado de consejeros políticos estatales que lo apoyen. Esto lo descalifica en automático.

Luebbert ofreció el apoyo firmado de 322 consejeros, y Sergio Guajardo Maldonado, el de 226, contra 69 de Luis Enrique Arreola junior.

Se presume que los vientos del cambio ya dejaron a Luebbert en paz, resignados a su llegada a la dirigencia estatal del PRI. Simplemente se les acabó la pólvora y ni siquiera lo despeinaron. Enhorabuena.

En Nuevo Laredo, el ex edil y editor Heriberto Cantú Deandar devolvió otro golpe al presidente municipal Enrique Rivas Cuéllar, ahora con una denuncia múltiple ante la Procuraduría de Justicia tamaulipeca y el propio Congreso local.

Cantú sabe de antemano que lo suyo sólo provocará fuegos artificiales, pues perteneciendo Rivas Cuéllar al PAN y teniendo este partido el control de la Procu y el poder legislativo, la denuncia se irá directo a la congeladora.

Pero dará cuando menos entretenimiento al respetable.

Por su parte, el Gobernador Francisco García Cabeza de Vaca visitó la Ciudad de México donde es más saludable respirar el smog que el olor a pólvora quemada, para asistir a la fiesta de los 25 años de la fundación de la SEDESOL, que encabezó el Presidente Enrique Peña Nieto y su Gabinete.

Cabeza subió a redes sociales una foto suya acompañado por el Secretario de Hacienda Meade, virtual pre-candidato del PRI a la Presidencia de la República.

Aunque el anfitrión de la fiesta lo era el titular de SEDESOL, Luis Miranda, que a estas alturas ya no tiene ninguna importancia política. Fue desdeñado.

Por cierto, la diputada federal Paloma Guillén Vicente sufrió la humillación de la retirada de su retoño en la delegación victorense de PROFECO que le acababa de conseguir, pues nunca creyó que le revivirían la inhabilitación gubernamental que le impide volver a enchufarse al presupuesto.

La buena noticia es que esta deposición abre la posibilidad del retorno a la dependencia de un excelente servidor público, el licenciado Alejandro Martínez Castañón.

En Río Bravo, el presidente municipal Juan Diego Guajardo Anzaldúa aprobó otorgar un gran apoyo a la organización de la tercera edición de los CRB Xtreme Games en septiembre, con la participación de atletas que tendrán la oportunidad de demostrar sus capacidades y aptitudes.

Juan Dieto está convencido de que el deporte en todas sus disciplinas contribuye a la formación de mejores ciudadanos, de allí su decisión de apoya al 200 por ciento, como él lo dice, a los promotores de estos eventos.

El torneo está abierto a la participación de atletas de Río Bravo y los municipios vecinos.

Ayer cumplió años el profesor Arnulfo Rodríguez Treviño, ex dirigente estatal del magisterio, de muy gratos recuerdos por su desempeño.

Correo electrónico: albertoguerra65@hotmail.com