Cada vez resulta ser más imperiosa la necesidad de que los seres humanos nos demos la oportunidad de realizar un análisis más profundo sobre los acontecimientos que tienen un impacto negativo sobre nuestra convivencia, pues está visto, que existen síntomas claros de una disgregación de los elementos que condicionan una vida de satisfacción.

Los desacuerdos que surgen en las relaciones humanas, cada vez se vuelven más violentos, evidenciando la insatisfacción en lo individual y rompiendo con la unidad existente, ya sea en el seno de la familia, en el trabajo, en la vida de relación que implica la interacción armónica de todos, para tener un orden social que tenga una visión clara de lo que todos deseamos como país.

En las familias se discute mucho sobre economía doméstica y la diferente y encontrada visión que tiene la pareja sobre el destino final del dinero. En el trabajo, existe un choque generacional, donde las improvisaciones motivadas por cambios en la dirección de la gerencia, obedece más a un interés político temporal que a la verdadera misión de las instituciones, relegando la importancia de la experiencia de actores de probada vocación de servicio. En la comunidad misma, no se ha podido deslindar el verídico sentir del pueblo, del interés de grupos de poder, mismos que bajo presión política o económica, aprovechan la necesidad de la comunidad para inducir a una participación social condicionada a un beneficio individual, más que a un beneficio colectivo.

El entorno, hoy como nunca, está contaminado por una comunicación tóxica que envenena el ánimo y divide de manera radical el sentir de una sociedad, que en el fondo, no desea ver a su hermano como enemigo, sólo desea que el futuro de la nación se establezca en bases con valores como la honradez, la confianza, la justicia, la equidad y la paz social.

 

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