Entonces nos comentó nuestra hija que el fin de semana asistirían ella y su esposo a una actividad familiar en la ciudad de Monterrey N.L., y por tal motivo, nos solicitaron cuidar a nuestros amados nietos María José de 10 años y José Manuel de 9; definitivamente dijimos que sí, aunque sabíamos de antemano que significaba una delicada responsabilidad y tendríamos que reforzar nuestra atención para evitar cualquier evento accidental que pudiera incidir desfavorablemente en su estado de salud; para nuestra fortuna, los niños, gracias a la atención de sus padres y los avances en los sistemas tecnológicos y educativos, han estado integrando a su personalidad elementos que favorecen el autocuidado, de ahí que nuestra atención primordial fue el de proveerlos de acciones que reforzaran la solución de sus necesidades básicas como allegarles una saludable alimentación, respeto a su ciclo de sueño y fomento de juegos interactivos para retroalimentar su desarrollo cognitivo, motriz y social, diríamos que procuramos que estuvieran en un entorno estimulante.

Nuestros nietos tenían tiempo de no saludar a su bisabuela Ma. Ernestina, así es que le hicimos una visita; y posteriormente, María José quería saludar también a su primo Diego, que es el más pequeño de los nietos, y los llevamos un rato a jugar con él; los llevamos también al Paseo Aventa y después ellos se prepararon para una pijamada, pero el sueño los venció. Por la noche dimos varias vueltas a su recámara para checar que estuvieran bien y por la mañana del domingo, escuché el llamado de María a la que suelo llamar “María de mis tormentos” apurado llegué a su lado y al llegar a ella, se encontraba cómodamente recostada sobre un par de almohadas y con aire despreocupado, mirando a través de la ventana de la habitación me dijo: Abuelo, hace un día maravilloso, tanto, que no dan ganas de hacer nada. Le contesté: Cómo que nada, levántate, báñate y vístete, hoy es día del Señor y tenemos que ir al templo. Rápidamente María contestó: Ay abuelo, eres muy convincente, pero recuerda que Jesús le dijo a Lázaro: “Levántate y ven fuera” no le dijo que se bañara.

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