“La salud es primero” es una frase que muchos médicos utilizamos en nuestra consulta, cuando algunos de nuestros pacientes excusan su autocuidado debido a otras actividades que consideran de mayor prioridad. Pero  algo que también es cierto, es el hecho de que muchos prestadores de servicios de salud, desgraciadamente, también dan prioridad a muchas otras actividades en la vida que al cuidado de la salud, ello se traduce a una realidad, puedes tener el conocimiento sobre el cómo prevenir enfermedades, cómo evitar las complicaciones y cómo llevar una vida más saludable, pero, pocas personas pueden aplicar los principios básicos para mantener  bien definidos los límites entre la salud y la enfermedad.

Es frecuente que mis pacientes me digan, que el ser médico, conlleva una gran ventaja para estar más saludable que el resto de la población, sin duda, habrá casos de excepción que se ajustan a esta afirmación, pero al menos en mi entorno laboral no aplica del todo.

En una reunión de trabajo, tuve la oportunidad de dar mi punto de vista sobre la imperiosa necesidad de velar por la salud de los prestadores de esos servicios, porque el conocimiento sobre cuidados para la salud, no es una garantía para la obtención de un estado saludable de los mismos, como tampoco lo es para la comunidad.

Sin restarle importancia a los grandes beneficios de la  educación y promoción para la salud, en mis 43 años de prestador de servicios de salud, no he podido quedar satisfecho con los resultados obtenidos, seguramente, las autoridades  correspondientes podrán rebatir mi afirmación, basándose en las estadísticas existentes tanto a nivel nacional, regional, o estatal, pero al fin, como citaba uno de mis ilustres maestros de Salud Pública: “En ocasiones, las estadísticas suelen ser la gran mentira”. Cabría preguntarnos entonces, qué está pasando, por qué programas como la Educación y la Promoción para la Salud, en la actualidad, no tienen el impacto esperado, si a través de la historia del desarrollo de la Salud Pública se han obtenido grandes logros, y pareciera  ahora, que estos se han estacionado en lo que se puede llamar “Un estado aceptable de salud” La respuesta, seguramente está en las múltiples y dinámicas variables que intervienen para logar un estado óptimo de salud, de tal manera, que ya no resulta válido, responsabilizar exclusivamente a los prestadores de servicios de salud, del fracaso del sistema de salud.

Por mucho tiempo se ha descuidado la salud de los prestadores de los servicios correspondientes, ya no digamos, por causas inherentes a responsabilidad directa de cada individuo, como el de velar por su autocuidado, ya no debido a la sobresaturación de una institución como el ISSSTE, responsable en muchos de los casos de la prestación de  servicios médicos a la burocracia adscrita a la Secretaría de Salud, sino al descuido mismo, de un sistema de gobierno, que no valora la importancia de colaborar más de cerca en cada una de las instituciones, en acciones que vayan más allá de la responsiva de las comisiones mixtas de seguridad  e higiene.

“La muerte no es el enemigo señores, si vamos a luchar contra alguna enfermedad, hagámoslo contra la indiferencia” (Patch Adams)

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