Y cuánta gasolina te queda, me preguntó un compañero de trabajo, después de percatarse de que a pesar de no contar con todo lo que se requiere para garantizar a satisfacción el cumplimiento del derecho a la salud que tenemos los mexicanos, los ciudadanos, que en calidad de pacientes, acuden a las unidades de salud pública para el bienestar, cumplen con las citas programadas y paradójicamente me hacía la pregunta, ¿por qué con mis 46 años de servicio, sigo de pie en el cumplimiento de mi responsabilidad como servidor público? Ganas de servir nunca me han faltado, tal vez el ánimo de pronto empieza a mermar, pero siempre consciente de la alta responsabilidad que adquirí desde aquel 16 de julio de 1980.
La energía que necesitamos los prestadores de salud, no solamente se compone del pago económico por nuestro servicio, sino de los buenos resultados que obtenemos cuando entendemos que somos un equipo y que la función de cada uno de los elementos del mismo, es fundamental para el logro de las metas esperadas.
El objetivo principal de este primer nivel de atención es el fungir como punto de contacto inicial y la puerta de entrada al sistema de salud, donde se deberían de resolver entre el 80% al 90% de las necesidades de la población, mediante acciones de prevención, promoción y atención ambulatoria básica.
Dentro de la prevención y promoción, se encuentran acciones como el fomento de estilo de vida saludables, la aplicación de vacunas y realizar detecciones tempranas de enfermedades comunes o crónicas como la diabetes mellitus y la hipertensión arterial.
En el concepto de atención médica de primer contacto, se encuentran el brindar consultas médicas generales o familiares de carácter ambulatorio, sin requerir hospitalización. Es primordial resolver los padecimientos de baja complejidad más frecuentes y referir de manera oportuna a los pacientes al segundo o tercer nivel de especialidades, cuando se requiera. Es importante también, el darle seguimiento continuo a pacientes con enfermedades crónicas y programas prioritarios como salud reproductiva, control de niño sano y atención de embarazo.
Al tener claro la importancia de nuestra función pública, surge una nueva pregunta: ¿Después de servir a mi comunidad casi por medio siglo, aún me queda gasolina como para seguir estableciendo una buena relación médico-paciente? Trabajar en el sistema de salud pública implica, muchas veces, hacer ciencia con las manos atadas por la falta de insumos. Sin embargo, lo que la escasez material limita, el compromiso humano lo multiplica. Un médico con vocación no es un espectador indiferente; es un compañero de camino. Acompaña al paciente en la vulnerabilidad de su dolor, se alegra con el corazón lleno, ante su alivio y se quiebra en silencio ante la pérdida. La empatía es su recurso más inagotable.
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