¿Por qué regreso? Me preguntas; cómo podría explicarlo sin ir al pasado y sentir la necesidad de quedarme donde me sentí muy feliz; pero, empezaré diciéndote que no fui un niño como muchos, pues sentía que era poseedor de un alma vieja, esto, por experimentar una clara comprensión de la vida que parecían propias de alguien que ya había vivido mucho tiempo, tal vez por eso no encajaba mucho con la forma de ser de los demás, a pesar de ser empático.
Me gustaba escuchar más que hablar, observar más que ver, analizaba toda cuestión que invitaba a resolver incógnitas, buscaba el origen de todo aquello que se presentara como un reto para encontrar la verdad. Quería pisar siempre en firme para no resbalar, creaba escenarios mentales de situaciones para anticipar las respuestas y limitar el daño propio y a los demás; se podría decir que era un niño con precocidad intelectual, o un niño con mentalidad madura.
Estuve en muchos lugares dentro de mi entorno social, de todos ellos aprendí muchas cosas para bien, pero durante el proceso, evité juzgar a quienes con sus acciones mostraban su desacuerdo al hecho de cómo pensaba o cómo actuaba; siempre me llamó la atención todo lo natural, la tierra misma por donde caminé y cada uno de los maravillosos ejemplares de árboles, arbustos y plantas en general, me apasionaban los animales, sobre todo las aves y los peces.
Caminé pues por muchas veredas y me sorprendí con las maravillas que encontraba a mi paso, procuré no dañar mi entorno natural, de hecho disfruté mucho los aromas de las flores, la textura de los pastos, la sombra generosa de los árboles; en ocasiones, me empolvé la piel , en otras me enlodé, disfruté la lluvia y el viento, el frío y el calor, me recosté en la alfombra conformada por las hojas que caían de los árboles en el otoño., nadé a favor y contracorriente sobre la superficie y la profundidad de los ríos, de los mares, de las presas que contienen el agua como reserva para el consumo humano, animal y el riego.
No había mejor descanso que recostarse sobre la hierba, bajo la sombra de un árbol cubriendo mis ojos con un viejo sombrero de palma, donde aún se podía oler el aroma del sudor del abuelo.
¿Qué, por qué regreso? Porque mi alma de niño se quedó atrapada en el tiempo, en la tierra de los mayores, donde nunca se delimitó la propiedad del hombre y la naturaleza, porque el hombre era parte de un todo y no dueño de algo.
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