Difícil saber lo que quieres, me dijo mi tío Tiótimo, evidenciando con voz firme un tono frío, un tanto autoritario, así como suele hablarle un padre a su hijo, cuando este último exhibe, como viejas cicatrices, las otrora heridas dejadas por el quebranto emocional, señales que para muchos eran compatibles con un carácter débil, frágil, que más que justificar una derrota existencial, denotaban la imperiosa necesidad de ser compadecido a través de un poco de misericordia, proveniente de aquellos que decían amarlo, pero que siempre solían estar demasiado ocupados en tratar sus propias heridas; y  pensar que todo al parecer se debía a la manera de interpretar lo que estimaba eran calamidades, pero que en realidad habían sido sólo pruebas para madurar y recuperar la confianza en la fortaleza que siempre me acompañaba, pero que al autocompadecerme, se volvieron  el pretexto perfecto para sentirme discapacitado e incompetente para sanarme a mí mismo .

Respeto la autoridad de mi tío, sí, pero a decir verdad, me sentí un poco incómodo con la forma en que se dirigió a mi persona, y esto, para nada abonaba una posibilidad de un gesto solidario para compartir mi desdicha; reconozco y acepto pues, su autoridad, mas, no su conducta autoritaria, pues esto era para mí como poner una piedra más en el costal de mis desencantos y frustraciones. Tus historias, continuó diciendo el pariente, están repletas de pesimismo y ensombrecen el entorno, enturbian la claridad de los que como yo, supieron salir airosos del nefasto sentimiento de victimización al que suelen recurrir todos los que se dan por vencidos; yo sufrí, pero aprendí, y aprendiendo es como encuentras la manera de salir siempre adelante, ya no miras atrás para seguir viendo lo que vas dejando, ves siempre al frente, con ello vives el presente y no te atreves a especular sobre el futuro; ¿que si hay esperanzas? te preguntarás, esto nunca lo debes de dudar, la esperanza de llegar a donde quieres, siempre será el motor que mueve tus anhelos, así que, mi estimado sobrino, vuelve a levantare si es que en estos momentos sufres una caída, de hecho, ya sabrás cómo levantarte más pronto, para seguir tu marcha, para ir a donde quieras, y cuando te topes con alguna sorpresa, harás de ella una oportunidad para fortalecer tus propósitos  para mejorar tu vida.

En eso estaba cuando de pronto se presentó un fuerte viento, mismo que hizo volar por el aire el ya muy gastado sombrero del tío Tiótimo, y con ello no pude evitar ver el avanzado estado de su calvicie, pero admirando cómo el escaso cabello blanco seguía moviéndose por la fuerza del viento, por lo que imaginé de pronto que con cada palabra de sabiduría, aquel hombre, cuyo cuerpo parecía una delgada y seca espiga de trigo, se transformaba en un brioso corcel negro que, relinchando, parecía retar al tiempo a detenerlo, pero éste, por el contrario, parecía  peinar sus crines para hacerlo ver más fuerte de lo que parecía.

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