En esa ocasión, no por falta de fe sino por motivos de salud, mi madre, que acostumbraba acompañarnos a los actos litúrgicos de la cuaresma no pudo asistir, así es que le llevé un ramo de palma, un pan y un cirio benditos, al entregárselos ella me pidió que le hiciera una oración a la Santísima Virgen María, pues quería rezarla pidiendo perdón por no asistir a la celebración de la Pascua de Cristo, centro de nuestra fe y esperanza; y he aquí la citada oración.

Oración Mariana.

Heme aquí, Madre Purísima, cargando con mi pesada cruz,

una cruz que no pedí, pero que estaba reservada para mí.

Ahora comprendo, admirada Madre, el dolor que padeciste

al saber que tu amado hijo, como cordero, tenía que sacrificarse

por nosotros, ahora comprendo, Señora del Cielo, tu

indescriptible dolor, porque una mínima parte del sufrimiento,

lo comparto contigo, pero en la debilidad de mi carne y la

fragilidad de mis huesos, mi fe pareciera ser tan débil como

mi cuerpo, pero viendo tu cara angelical y tu mirada compasiva,

perdonando a todos los que alentamos el sacrificio de tu

amadísimo Hijo, te pido dulce Madre, que me des la fortaleza

necesaria para cargar con el peso de mis desdichas y que mi

sufrimiento se convierta en el más puro motivo para adorar

al Padre que nos dio la vida.

María, Madre de Dios, regresa a mi corazón afligido, la dicha

de volver a sentir la felicidad que añoro, que por cada uno de

mis dolores surjan un motivo de vida y esperanza, para glorificar

a Dios.

Te obsequio, Madre mía, la Rosa Blanca que pediste en sueños a

mi hijo, signo de la alianza entre las mujeres que amamos demasiado,

para que en cada uno de sus pétalos, quede el dolor humano

y que de la corona de espinas fertilizadas por la bendita sangre del

Cordero, broten las rosas que anuncian el milagro de la fe.

Te ofrezco, Madre mía, mis sufrimientos, como signo

del amor que Dios en mí ha multiplicado.

Benditas seas Madre y bendito el fruto de tu vientre: JESUS.

enfoque_sbc@hotmai.com