En mi caminar por los días santos, tuve la necesidad de sentirme acompañado y estos días son propicios para estarlo, pues normalmente mis seres queridos disfrutan también de un descanso laboral, pero suele suceder, que se descansa de las actividades profesionales más no de las domésticas, de ahí que trabajo en el hogar sobra, más, mi mente se negaba a seguir la rutina y junto con mi esposa decidimos ya no ser los protagonistas de la planeación y ejecución de los planes y optamos por esperar que la iniciativa partiera de nuestros hijos, y efectivamente, se generó cierta actividad familiar, pero, sin desearlo, todos caímos de nuevo en una rutina, donde hubo muy poco diálogo cordial y se dio entrada a temas que evidenciaban la tensión acumulada de días anteriores, evitando con ello se generara un sentimiento de gozo pleno. Afortunadamente no todo fue así, pues con el paso del tiempo recibí algunas gratas sorpresas, como cuando realizaba unas compras en una tienda de autoservicio, un hermosa dama que había sido mi paciente y que labora en el servicio de paquetería de los artículos comprados, se acercó a mí y me dio un efusivo y sincero abrazo, mostrándome su gratitud; en seguida un grupo de destacados amigos, nos saludaron igualmente con evidente afecto, más tarde, al salir de la tienda me reencontré con un estimado amigo médico, y  en la Procesión del Silencio, me encontré a otras personas de gratos recuerdos. En lo personal, me gusta asociar los eventos que ocurren en nuestro entorno para dar respuesta a mis inquietudes, de tal manera, que lo sucedido lo tomé como una señal de nuestro Salvador de que podemos tener la sensación de estar solos, pero en realidad no lo estamos, y el primero que nos acompaña en nuestros momentos de pesar, es nuestro Señor Jesucristo. Con cada palabra, cada abrazo y cada mirada que recibí de aquellos hermanos en Cristo, me sentí más que reconfortado.

Este domingo es el día de la fiesta más importante para nosotros los católicos por tratarse de la Resurrección de Jesús; el día en que Cristo triunfó sobre la muerte y nos abrió las puertas del cielo. Él estará con nosotros hasta la consumación de los siglos.

Resurrección

Y sucedió de nuevo… resucité

al estar en el tiempo y el lugar,

en el natural instante que suscité,

abrí los ojos y empecé a respirar.

 

Me levanté entonces con deleite

y por las hojas empecé a caminar,

por la suave alfombra me precipité

hacia la luz que me podría iluminar.

 

Del cielo, un fino rocío incidente

humedece el entorno, para despertar

al niño que goza de aquel ambiente,

saldando obstáculos para disfrutar.

 

Bendita la fe que me da el aliciente,

de la muerte a la vida poder retornar,

bendito el amor de Dios y mi suerte

y en vida mil veces, poder resucitar.

 

Dios bendiga a nuestra familia y bendiga todos nuestros Domingos Familiares. Felices Pascuas para todos.

 

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