Preocuparse porque el cuerpo no refleja su sombra

al ponerse de frente, de espalda, de un lado y de otro,

al no funcionar, cuando la luz deja al ser abandonado,

es la distancia el motivo del pesar, para sentirse roto.

 

Poco a poco se instala el pensamiento en la penumbra,

reflejando ahora la ausencia de un sentimiento sin rostro,

alejando al cuerpo del calor y la energía que lo alumbra,

negando la emoción que lo movía para ir a su encuentro.

 

Cuanta oscuridad en el entorno sin que nadie lo descubra,

ignorar o negar que el ego se va de la periferia al centro,

perdiendo la facultad para analizar y resolver la quiebra,

para que dé al ánimo la claridad e impida lo siniestro.

 

Procede siempre con cautela ante la mentira y la mala obra,

busca la verdad y la sabiduría de Jesús el buen maestro,

encuentra la luz de su amor divino en su bendita palabra

deja que te transforme para bien por fuera y por dentro.

 

No busques en tu sombra el reflejo de lo que te sobra,

búscalo en el bendito amor del corazón del Padre Nuestro,

encuéntralo en la misericordia, mientras la paz se recobra

y vuelvas a ser tú y de tanto insistir te vuelves diestro.

 

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