Sin duda, la paz interior tiene mucho que ver con todas aquellas situaciones que experimentamos al interactuar con el entorno y que afecta nuestro estado mental y emocional, de ahí que de no percibir una sensación de bienestar no llega a nosotros la calma anhelada.

Si bien se puede intentar sentir mejor realizando una serie de cambios en nuestra forma de ser o de cómo reaccionamos a lo que nos arrebata la oportunidad de relajarnos física y mentalmente, es importante tomar en cuenta quién o qué es el centro de donde salen todas las respuestas emocionales que evidencian el modelo de nuestra conducta y los alcances que pretendemos para allegarnos la paz interior.

En una ocasión realizábamos una dinámica entre amigos, en lo que habíamos dado en llamar “el círculo de la verdad” donde llegado el momento, después de bajar nuestro estrés y habiendo llegado a un estado de desinhibición con apoyo de algunas bebidas espirituosas, entrábamos a la etapa de la confianza y uno por uno empezábamos a responder algunas preguntas, que de estar en nuestro sano juicio, creo que jamás las contestaríamos, ésto, porque la mayoría protegíamos celosamente aquello que considerábamos secreto, así es que cuando se eliminaban los bloqueos mentales brotaba de manera natural aquello que nos preocupaba y no nos permitía establecer nuestra paz interior, una de las respuestas en las que la mayoría estuvo de acuerdo, fue a la pregunta ¿A ti que es lo que te quita la calma? Para mi sorpresa no tenía nada que ver con cuestiones económicas, políticas o religiosas, sino con lo que consideraban, rompía o fragmentaba el endeble equilibrio emocional, y ésto fue el hecho de no sentirse escuchados por las personas que amaban, lo que se traducía como desamor y ocasionaba una sensación de vacío difícil de sanar.

 

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