En un momento dado del tiempo, el ser humano se ha preguntado quiénes somos, esto suele ocurrir, cuando el cuerpo y la mente se dan la oportunidad de entrar en un diálogo muy íntimo, cuando acepta por fin que difícilmente entre el ruido externo y la saturación de la mente, atendiendo situaciones a las que considera complejas, nunca llegará a conocer las respuestas a las preguntas existenciales que cuestionan la lógica o involucran aspectos metafísicos y paradójicos.

El concepto “el hombre es un universo en sí mismo” se basa en el hecho de que cada ser humano posee una complejidad, profundidad emocional y potencial interior comparable al cosmos, funcionando como una unidad consciente y autónoma; de tal manera que el individuo contiene en su interior todas las herramientas necesarias para la autorrealización y la comprensión de su existencia ubicándolo como un microcosmo, desde el punto de vista físico, biológico y filosófico.

Científicamente el universo parece estar ajustado para permitir la existencia de vida inteligente, lo que da a la humanidad un papel central o “universos” individuales observadores del todo. A nivel energético y molecular, el ser humano no está separado del universo, sino que es parte de una red de energía totalmente conectada, siendo el observador y lo observado simultáneamente.

Imaginemos entonces el potencial que tiene cada ser humano de comunicarse con sus semejantes, incluso cuando éstos pudieran estar en una condición física o mental que de acuerdo a la comprensión médica actual podrían considerarlos clínicamente “desconectados” (pérdida de la conciencia superior) pero mantiene funciones vitales autónomas como respiración, ciclo sueño-vigilia y reflejos mediados por estructuras subcorticales como los ganglios basales y el tronco encefálico.

Seguramente mucho se ha estudiado ya en estos aspectos de la comunicación no verbal en pacientes con lo que se ha dado en llamar Estado Vegetativo o Síndrome de vigilia sin respuesta, pero no descartemos  que estímulos como el calor de la piel, las vibraciones de los sonidos bucales, el roce del tacto sobre la piel o los cabellos, el aroma del cuerpo y otros estímulos pudiesen estar esperando a ser descifrados por completo para poder tener un diálogo directamente con las células que conforman ese gran universo llamado cuerpo humano. La idea es verídica, no sólo como metáfora poética, sino como un hecho científico: somos, literalmente, una forma en que el cosmos se conoce a sí mismo.

la interfase es la fase de “diálogo” donde las células monitorean su entorno y coordinan sus actividades metabólicas y de crecimiento con el resto del organismo mediante señales químicas y físicas.

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