Cuando mi nieta María José tenía 4 años de edad, me veía con toda atención mientras examinaba a su hermanito José Manuel, que en aquel entonces tenía 3 años y estaba cursando con un cuadro de vías respiratorias; ella se acercó a mí y con voz muy suave, me pregunta: ¿Abuelo, puedo ser tu ayudante? Claro que sí, le contesté con agrado, y ella, tomando mi maletín, empezó a sacar el equipo; primero me dio el estetoscopio, y en seguida el estuche de diagnóstico.

La niña no perdía de vista el procedimiento para examinar a su hermano, y al término de la exploración, le pedí guardara todos los instrumentos que habíamos utilizado, pero antes de hacerlo, me pidió permiso para proceder a examinar a nuestro pacientito, y José Manuel, interesado en la ocurrencia de su hermana, se dejó examinar; después ella me explicó que su madre le había comprado un maletín de doctora, pero le gustaba más el mío que el de juguete.

Un par de semanas después, al estar jugando José Manuel, sufrió una caída, y de inmediato María José acudió a auxiliarlo, le preguntó dónde se había golpeado, le revisó detenidamente el área donde recibió el trauma, le tocó la piel y le dijo que no se preocupara que todo estaría bien, pero su hermanito no dejaba de llorar, por lo que le pidió que respirara profundo y se tranquilizara, procedimiento que repitió en varias ocasiones hasta que José dejó por fin de llorar, acto seguido lo abrazó y le dio un beso en la mejilla, diciéndole que lo amaba; la escena que presencié me llamó mucho la atención, sobre todo por la forma en que le habló, le comenté a mi esposa que se encontraba cerca y reí por la ocurrencia de la niña, entonces, mi nieta con una seriedad sorprendente me dijo: Abuelo no te rías, no te estés burlando de mí, ésto es cosa seria.

Le expliqué que no se trataba de una risa burlona, sino de satisfacción por la manera que manejó la situación dolorosa que aquejaba a Josésito, entonces me dije a mí mismo, no cabe duda, que en muchas ocasiones, la vocación para aliviar el dolor humano no requiere de una intensa preparación profesional, sino el amar al prójimo y ser portador en forma natural de los valores que proveen la beneficencia al prójimo.

 

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