Amigos lectores, que gusto volver a saludarlos en este espacio de opinión que hemos construido juntos por mas de 16 años. Luego de unas cuantas semanas de vacaciones, ya estamos de regreso para comentar los temas que trascienden y vaya que el que está en la mesa ha sacudido al mas selecto grupo de polÃticos actuales.
El escándalo que hoy sacude a México no es cualquier tema polÃtico. La acusación formal presentada en Estados Unidos contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha, por presuntos nexos con el narcotráfico, ha puesto nuevamente sobre la mesa uno de los temas más delicados para el paÃs, la relación entre poder y crimen organizado.
No estamos hablando de rumores de redes sociales ni de señalamientos menores. Se trata de una acusación presentada por el Departamento de Justicia de Estados Unidos contra un gobernador en funciones y otros funcionarios sinaloenses, por presunta conspiración para el tráfico de drogas, protección institucional al crimen y recepción de sobornos. Rocha pidió licencia y hoy las investigaciones avanzan mientras él asegura que todo es falso y que demostrará su inocencia.
Más allá de si las acusaciones prosperan o no, el golpe polÃtico ya está dado. Morena enfrenta uno de sus momentos más incómodos, porque Rocha Moya era considerado cercano al obradorismo y este caso revive el debate sobre la relación estrecha que existe entre la polÃtica y el crimer organizado en México.
Por eso no es casualidad que justo en medio de este terremoto polÃtico, Morena haya sacudido el barco cambiando su dirigencia navional, pero además, endurecido sus reglas internas rumbo a las elecciones del próximo año. Durante su Congreso Nacional Extraordinario establecieron que ya no bastará con ser popular o encabezar encuestas; ahora buscarán perfiles con trayectoria limpia, honestidad y trabajo territorial.
El problema es que una cosa es el discurso y otra la realidad polÃtica mexicana. Porque históricamente la mayorÃa de los partidos han terminado postulando personajes cuestionados cuando les representan votos o poder electoral. Ahà está la historia reciente del paÃs para recordarlo.
Y en Tamaulipas sabemos perfectamente de qué hablamos. Aquà ya vimos a exgobernadores perseguidos, investigados, acusados y convertidos en tema nacional e internacional. La diferencia es que ahora el caso golpea directamente a un gobernador morenista en funciones, algo que inevitablemente tendrá repercusiones polÃticas rumbo a las elecciones del próximo año.
Morena tendrá que actuar con muchÃsima prudencia. Porque si realmente quiere convencer a la ciudadanÃa de que habrá depuración interna y cero tolerancia a la corrupción, tendrá que demostrarlo con hechos y no solamente con discursos.
La gente está cansada de polÃticos intocables, de gobernantes que prometen transformación y terminan envueltos en escándalos. Hoy el reto no es solamente ganar elecciones, sino recuperar credibilidad.
Y mientras tanto, habrá que ver hasta dónde llegan las investigaciones en Sinaloa. Porque cuando un tema asà entra al terreno de Estados Unidos, el costo polÃtico suele ser mucho más alto.
Pendientes
Que Dios los bendiga, gracias.
Leo sus comentarios en mis redes sociales.