“Engríase el corazón del hombre antes de ser abatido; humíllese antes de ser glorificado. Quien responde antes de oír, muestra ser un insensato y digno de confusión. El espíritu o vigor del hombre sostiene su flaqueza; pero, ¿quién podrá aguantar su ánimo fácil de irritarse? El corazón del varón prudente adquiere la ciencia; buscan la instrucción de los oídos de los sabios.” (Proverbios 18: 12-15)
El brincar una vez con éxito una zanja, no te hace experto en saltos. ¿Cuántas veces habrás de fracasar antes de entender que existen otros caminos para lograr tu objetivo? Si eres hombre de fe, cree en quien siempre ha estado contigo, que aquél que obra mal en tu contra, tarde o temprano habrá de pagar la afrenta, porque el que ama y confía en el Señor, siempre encontrará la respuesta correcta.
Estando el cielo tan claro, hay quien se empeña en verlo gris, son tantas sus preocupaciones que ha olvidado cómo saber vivir, y quien vive pensando que la vida es siempre un cúmulo de fracasos, sus pasos ha de dirigir hacia tales casos.
Señor no permitas que me gane la soberbia, si todo lo que he logrado ha sido bajo tu sabia influencia, tú no me mides por lo poco o mucho de mi legado, como otros que sólo ven en mi actuar, torpezas.
Qué tienen los ojos de aquellos, que con tu amor has iluminado, que pueden ver lo que otros se niegan a reconocer; mantenme siempre a tu lado y no a lado de la discordia que puede llegarme cuando al orgullo le concedo el valor de mi victoria.
Triunfar quiero en el amor, pues para mí, no hay mayor riqueza, si tú me amas mi Señor, soy feliz, pero quita de mí la tristeza y el dolor, que me causa el no poder complacer del todo, a quien quiere algo más que amor: arrodillarme ante otro dios que privilegia el odio, el rencor y la vileza.
Cada vez hay más ciegos y sordos espiritualmente hablando, todos están ocupados en quien pueda salvarlos, todos se han olvidado que tú, Jesús, mi Señor, moriste en la cruz por nuestros pecados.
Él estuvo junto a ti y no lo reconociste, Él tocó a tu puerta y no lo recibiste, Él te habló y no lo escuchaste, Él te perdonó y tú no te has perdonado, Él estará contigo, aunque lo hayas olvidado.
Dios bendiga a nuestra familia y bendiga todos nuestros Domingos Familiares.
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