“Pero Jesús tomando la palabra, les dijo: Los sanos no necesitan de médico, sino los enfermos. No son los justos, sino los pecadores a los que he venido yo a llamar a penitencia” (Lc 5:31-32)

Muchos están en boca del mundo, sus ideas, sus palabras y sus obras, son contrarias a la voluntad de Dios; de una forma u otra dañan a su prójimo y a sí mismos, los despojan de sus bienes, de su dignidad, de su libertad; unos, amparados en el poder, promovido por su desmedida ambición y la acumulación de riqueza; lo han decidido así, porque viven el presente, nada han dejado atrás, porque su historia de vida ha sido tan ruin que de ella sólo tomaron lo que podría hacerlos llegar a una posición donde nadie notara su pequeñez y no vieran sus defectos; lo decidieron así, porque han crecido con la idea que la vida es un abrir y cerrar de ojos, y por eso se debe de disfrutar de ella sin importar la violación de los derechos de las otras personas; les ha funcionado, porque están convencidos, de que en el planeta sólo sobreviven los más aptos, los más violentos, los más ambiciosos, los que se esmeran en llegar a la cima del éxito sin interesarles la solidez de sus principios morales. Han existido en todo tiempo, están aquí y seguirán insistiendo en tener el poder, para decidir por los demás, la forma de vida que mayor convenga a sus intereses; sin duda son pecadores, pero no son los únicos, muchos de nosotros nos identificamos con ellos, porque en el fondo quisiéramos también tener el poder, la fortuna, la vida que ellos llevan, de ahí, que unos y otros necesitamos de Dios para enmendar el camino equivocado.

Todos los días escucho demasiadas críticas, demasiadas quejas, demasiadas descalificaciones, justas o no, de estar escuchándolas tanto, igual me voy contagiando de ese rencor, olvidándome de que mucho tengo que trabajar para corregir mis defectos, para buscar alternativas que me hagan una mejor persona, para ver en aquellos, que han acumulado mayor peso para su condena, como los que deben de tener prioridad para salvar su alma.

Si al menos pudiéramos avanzar en el camino correcto, dejando atrás rencores, resentimientos y ofensas, si al menos nuestros propósitos de enmienda se mantuvieran firmes, y con la misma euforia con la que descalificamos el comportamiento de los demás, impulsáramos nuestra renovación, seguro estoy que al multiplicar nuestro cambio positivo, los matices grises y oscuros se iluminarían poco a poco hasta hacer de la vida en común una hermosa realidad de prosperidad para todos.

“A nadie volváis mal por mal, procurando obrar bien no sólo delante de Dios sino también delante de todos los hombres. Vivid en paz si se puede, y cuando esté de vuestra parte con todos los hombres” (Romanos 12:17-18)

Sabiduría, para obrar con justicia y privilegiar la paz; humildad, para aceptar que todos somos pecadores; y fuerza espiritual, para enmendar nuestros errores.

Dios bendiga a nuestra familia y bendiga todos nuestros Domingos Familiares.

enfoque_sbc@hotmail.com