Y mostrándole al hombre cuál era su voluntad, misma que no trasgrede el desarrollo natural de la vida, aquel fundamento divino donde existe un principio y un fin, donde la esperanza nunca desaparece con el tiempo, porque el tiempo para el Señor no existe, sólo es el camino para llegar al portal que nos conducirá a experimentar el efecto de la translocación de la energía vital desde la vida terrenal hacia la eternidad, a lo que se conoce como vida eterna, proceso de transformación para trascender a un nivel superior.

El hombre, el mortal, insistía en quedarse estacionado en una etapa del desarrollo donde había sentido haber vivido a plenitud, en el estado del tiempo en el que se percibe es el único momento de la existencia donde se conoce y se experimenta la felicidad; más Dios insistía en el hecho de apegarse al proceso natural de nacer, crecer y despedirse del momento terrenal, dejando en libertad la energía o espíritu humano, mismo que no se destruye sólo se trasforma, se purifica y eleva, trascendiendo las limitaciones materiales para alcanzar su propósito divino.

¿Por qué no estás conforme? Le preguntó Dios a quien, sin analizarlo bien, estaba poniendo en duda el poder y contradiciendo su voluntad. Señor, contestó el hombre sólo estoy dándote a conocer mi punto de vista de lo que me ha dejado, hasta ahora, el recorrido natural de mi desarrollo, de ninguna manera pretendo imponer mi voluntad sobre la tuya, si consideras que estoy abusando del libre albedrío que me obsequiaste, perdóname.

Libre has sido siempre al tomar tus propias decisiones, y no pretendo contradecir el hecho de que puedas opinar, dijo Dios, más, has de saber que todo caminante suele perderse en el camino, en ocasiones el extravío puede llegar a afectar la percepción de lo que se vive o experimenta, a tal grado que la realidad sólo puede traducirse como una ilusión y el que vive de ilusiones, suele darse por vencido y perder la esperanza de conocer la felicidad.

Vivir sólo en la fracción del tiempo, cuando nuestra fuerza alimenta nuestra vanidad o nuestro ego, no nos permite ver que es necesario seguir caminando para obtener la madurez de la plena conciencia, el que logra esa meta, Dios lo recompensa con abrirle los ojos del corazón  y del alma, sólo así podrá ver lo que el Señor nos tiene preparado en la infinidad de su reino, ahí, donde caben todas las almas, las que llegan primero porque fueron llamados y las almas de los elegidos cuya misión en la tierra es quitar los obstáculos para que muchos alcancen la vida eterna.

 

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