Conforme pasa el tiempo, experimentamos un proceso continuo de adaptación, mas, no todas la personas están cocientes de ello, pues viven inmersas en el día a día, tratando de superar todos los retos que se van presentando, muchos de los cuales exigen respuestas rápidas y no dan lugar a la utilización de la plena concienciación, de ahí que los alcances de las decisiones que se toman precipitadamente para salir al paso, no sólo pueden ir acompañadas de un importante margen de error, sino que pueden, en ocasiones, cambiar el rumbo de los planes y propósitos, para alcanzar las metas de superación y desarrollo personal que deseamos a corto y mediano plazo.
No todas las personas tenemos tiempo de darnos cuenta de que estamos viviendo una transición biopsicosocial, vamos evolucionando a lo largo de la vida, experimentando cambios en lo biológico, donde se incluye a la genética, el organismo, la fisiología y la salud física; cambios de carácter psicológico que abarcan la mente, las emociones, la cognición, la personalidad, las conductas, el pensamiento, manejo del estrés; y desde el punto de vista social, donde se incluye la cultura, la familia la educación y la situación económica, las relaciones interpersonales y el entono. La interacción de estas tres dimensiones construye al ser humano para que éste pueda adaptarse a las distintas etapas de la vida.
Si bien es cierto que el paso de la infancia a la vejez se llega a través de un proceso normal del desarrollo, la mayoría de las personas que logran llegar a la edad que se define como adulto mayor, no asimilan el proceso como normal, pues la merma de las capacidades físicas y mentales, van determinando de manera evidente la reducción de la interacción en lo social, condicionando un estado involuntario de aislamiento y dependencia, que acelera el último tramo de la vida.
A pesar de los programas gubernamentales para promocionar y educar a la población para tener un envejecimiento saludable, es evidente el hecho de que no ha habido suficientes estímulos para motivar los hábitos saludables, porque de un tiempo a la fecha se han ido disolviendo los vitales lazos que unen a las tres dimensiones, fracturando con ello la propia definición que se tiene del enfoque integral que postula, que la salud no sólo es la ausencia de enfermedad, sino el bienestar completo de las tres dimensiones, la biológica, la psicológica y la social.
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