Disfrutaba de un día libre, y después de haber comido deliciosamente, el viento fresco de la tarde que se colaba por la ventana de mi estudio, me empezó a adormecer, y entre que me dormía y no, estaba tratando de escribir el presente artículo, a punto de darme por vencido e irme a descansar por unos minutos, sin tener otro motivo de inspiración que aquél que me llegara del cielo, de pronto escuché una melodía hermosa, la misma que me hizo recordar un artículo que escribí en el año 2015 al encontrar en mi memoria el puente necesario entre el presente y el pasado, se trataba de la canción “Cómo Fue” cuya letra es de José Feliciano y como en aquella ocasión, me permito transcribir algunas estrofas de la misma: “Cómo fue, no sé decirte cómo fue. No sé explicarme que pasó, pero de ti me enamoré.
Fue una luz que iluminó todo mi ser. Tu risa como un manantial llenó mi vida de inquietud. Fueron tus ojos, o tu boca, fueron tus manos o tu voz, fue a lo mejor la impaciencia, de tanto esperar tu llegada… y de nada más no sé, no sé decirte cómo fue, no sé explicarme que pasó, pero de ti me enamore”.
Para sentir más la emoción busqué un CD para escucharlo en voz de Guadalupe Pineda, subí el volumen del mini componente y como si fuera la clave de un embrujo, María Elena dejó lo que estaba haciendo, para venir a escuchar a mi lado la canción aludida.
Al término de la misma nos quedamos mirando a los ojos y ambos viajamos al pasado y después de unos segundos regresamos preguntándonos: ¿Qué diferencia hay entre el ayer y el hoy?, ella prefirió guardar su respuesta, pero yo, yo me sumergí de nuevo al pasado para seguir la ruta de todo el camino que juntos hemos recorrido durante cuarenta años, para saber en qué momento del tiempo, dejamos que el fresco viento de las tres de la tarde se llevara consigo, no el amor, porque éste ha sido tan grande que únicamente Dios podría llevárselo, sí, aquellos amados momentos que teníamos para reír de felicidad y mostrar nuestra gratitud al Creador por habernos hecho coincidir al inicio del camino; sí, aquellos amados momentos en que nuestras miradas hablaron por nuestro corazón, y donde las palabras se volvieron besos y caricias por la impaciencia de esa llegada que estaba destinada por Dios para estar por siempre unidos y así fue como pasó, que de ti me enamoré.
No le des a escoger a un poeta sobre lo que quiere escribir.
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