El campo tamaulipeco atraviesa junto a cerca de veinte estados más una de sus peores crisis productivas en décadas, al ser marginado de créditos, financiamientos y apoyos institucionales, que han provocado que en algunas zonas hasta siete de cada diez hectáreas se han quedado sin cultivar.
La diputada local Marina Ramírez Andrade expresó que pese a que se ha minimizado la problemática, los agricultores atraviesan un escenario crítico “y aunque se han llevado a cabo mesas de diálogo desde el año pasado, aún no hay soluciones concretas. “No podemos negar que ha habido diálogo, pero no resultados”, afirmó.
Ramírez Andrade señaló que por lo anterior la inconformidad del sector agrícola ha derivado en manifestaciones, al considerar que los campesinos no protestan por voluntad, sino por necesidad ante la falta de respuestas.
Entre los principales reclamos, destacó la ausencia de precios de garantía, la falta de financiamiento mediante banca rural y el alto costo del diésel, factores que, dijo, han limitado la actividad productiva. A ésto se suma la importación récord de maíz, lo que calificó como un golpe adicional para el campo mexicano.
La diputada advirtió que la superficie sembrada ha disminuido de manera considerable.
Indicó que, en regiones agrícolas de Tamaulipas, entre el 60% y el 70% de las tierras no fueron cultivadas en el último ciclo, una cifra que supera estimaciones previas.
Tan sólo en el caso del sorgo, de más de 700 mil hectáreas, hasta 400 mil habrían quedado sin sembrar.
“La sequía ha agravado el panorama, pero la falta de incentivos y certidumbre económica ha provocado que productores decidieran no sembrar”, dijo.
En cuanto a alternativas impulsadas por autoridades, indicó que no han sido efectivas y
puso como ejemplo el frijol negro, cuya comercialización enfrenta retrasos por la falta de recepción en bodegas, lo que pone en riesgo la cosecha y el pago a los productores.
Sobre programas de apoyo como “Fertilizarte del Bienestar”, dirigido a 20 mil productores, Ramírez Andrade consideró que, aunque son bien recibidos, resultan insuficientes, ya que no atienden la rentabilidad del campo.