La realidad ya alcanzó al mercado automotriz en la frontera: el fin del decreto no trajo estabilidad, sino un golpe directo a comerciantes que hoy luchan por sobrevivir entre ventas en picada y patios llenos de vehículos sin salida.
De acuerdo con Jesús Manuel Zúñiga Maldonado, el escenario actual dista mucho de ser positivo, pese a que algunos intentan maquillar la situación como un supuesto “incremento en las importaciones”.
“La realidad es otra”, advierte. Ese aumento no responde a una mayor demanda, sino a la desesperación de los comerciantes por mover unidades y adaptarse al nuevo panorama tras la desaparición del decreto.
En medio de este escenario adverso, muchos vendedores en la frontera han optado por nacionalizar vehículos modelos 2017 y 2018, considerados de las pocas opciones aún viables. Sin embargo, ni siquiera esta estrategia ha logrado reactivar las ventas.
El panorama es alarmante: no importa si los autos son nacionales o americanos, ni si los precios han bajado para atraer compradores. El consumidor simplemente ha dejado de responder. Lo que se vive hoy no es un mercado en crecimiento, sino una reacción de supervivencia ante una crisis silenciosa que golpea con fuerza al sector.
El resultado es evidente: una frontera saturada de vehículos, inventarios acumulándose y cada vez menos compradores dispuestos a invertir, marcando así el verdadero efecto tras el fin del decreto.