El auge de los fraudes cibernéticos, las tiendas fantasmas y las estafas en devoluciones está pasando factura al comercio digital y provocando un inesperado giro: los consumidores están regresando a las tiendas físicas para proteger su dinero y evitar ser engañados.
Comerciantes del primer cuadro de la ciudad reportan un repunte en la afluencia de clientes decepcionados por compras en línea que nunca llegaron o que resultaron ser muy distintas a lo prometido. La desconfianza va en aumento: el 88 por ciento de los consumidores admite pensar dos veces antes de comprar en un negocio que haya sufrido un ciberataque, mientras que el 22 por ciento evita por completo a los comercios involucrados en brechas de seguridad.
El incremento de campañas masivas de phishing en Latinoamérica, muchas de ellas simulando tiendas de ropa y electrónica, ha encendido las alertas entre los compradores, quienes ahora prefieren ver, tocar y revisar los productos antes de pagar.
Paulino Cortés, presidente de los locatarios y comerciantes semifijos del centro, confirmó que, tras un golpe severo inicial por el auge de las aplicaciones digitales, el comercio tradicional comienza a recuperar terreno.
“Sí nos afectó muy fuerte al principio. Las aplicaciones estaban muy fuertes por la comodidad de pedir desde casa, pero la gente ya se dio cuenta de que muchas veces lo que piden no es lo que les llega”, señaló.
El dirigente explicó que una de las principales quejas es que los productos comprados en línea no corresponden a las imágenes publicadas: llegan de otro color, tamaño distinto o con materiales de baja calidad “Piden por fotos y cuando llega la mercancía no es la adecuada, no es el color, no es la calidad, y muchas veces ya no les sirve”, puntualizó.
En el caso de tiendas de origen asiático, indicó que la baja durabilidad de los artículos ha generado aún más desconfianza “La gente se dio cuenta de que lo que venden es de muy baja calidad. A lo mejor saca del apuro un día, pero después ya no sirve. Eso no se puede comparar con un producto bueno”, afirmó.
Cortés destacó que este fenómeno ha provocado la reducción de afluencia e incluso el cierre de algunos establecimientos, mientras que los negocios tradicionales comienzan a fortalecerse nuevamente.
“Eso es lo que nos avala como comerciantes del centro: ofrecer productos que sí funcionan y que el cliente puede revisar antes de comprar”, subrayó.