Las tensiones políticas en Estados Unidos se intensificaron esta semana luego de que la Asociación Nacional de Gobernadores (NGA) cancelara una reunión prevista con el presidente Donald Trump, en protesta por la decisión de la Casa Blanca de invitar únicamente a mandatarios republicanos y excluir a los demócratas.
El encuentro estaba programado para realizarse durante la reunión anual de gobernadores en Washington; sin embargo, la NGA optó por suspender la reunión formal con el mandatario al considerar que la exclusión partidista rompía con el carácter plural e institucional del organismo.
La decisión evidenció el creciente clima de polarización política en el país, en un contexto donde las relaciones entre la Casa Blanca y actores clave —incluidos gobiernos estatales— se han visto marcadas por tensiones ideológicas y confrontaciones públicas.
En paralelo, la política exterior de Trump también fue blanco de críticas. Artistas, intelectuales y organizaciones sociales en Estados Unidos exigieron el fin de la ofensiva del gobierno contra Cuba, al considerar que se trata de una estrategia que profundiza el aislamiento y no contribuye a la estabilidad regional.
Los firmantes señalaron que el endurecimiento del discurso y las medidas contra Cuba solo refuerzan viejos esquemas de confrontación, mientras sectores culturales y sociales demandan un enfoque basado en el diálogo y la cooperación internacional.
Ambos episodios —la ruptura con la NGA y las protestas contra la política hacia Cuba— reflejan un momento de fuerte desgaste político para la administración Trump, marcada por divisiones internas, cuestionamientos a su liderazgo y una creciente presión desde distintos frentes del ámbito político y social estadounidense.