Rusia lanzó uno de los ataques más intensos de la guerra contra Kiev, con un despliegue masivo de casi 600 drones y más de 30 misiles que cayeron sobre la capital ucraniana y otras ciudades. La ofensiva provocó una ola de destrucción sin precedentes en la infraestructura urbana.
El saldo preliminar asciende a 21 muertos, entre ellos varios menores de edad, además de decenas de heridos. Los impactos y escombros dañaron o destruyeron decenas de edificios, incluidos complejos residenciales, comercios y escuelas, lo que obligó a la evacuación de familias enteras.
Entre los blancos alcanzados figuraron inmuebles vinculados a organismos internacionales, como la sede de la misión de la Unión Europea y la oficina del British Council, lo que incrementó la gravedad polÃtica del ataque y generó condenas inmediatas desde distintas capitales del mundo.
Aunque gran parte de los drones y misiles fueron interceptados por las defensas aéreas ucranianas, la magnitud del bombardeo permitió que varios proyectiles atravesaran la protección y ocasionaran incendios y colapsos en distintas zonas de Kiev y en regiones como Vinnytsia, Poltava y ChernÃhiv.
El gobierno ucraniano calificó la ofensiva como un acto de terror dirigido contra civiles y anunció que no habrá avances en procesos de negociación mientras persistan estas agresiones. La comunidad internacional advirtió que la escalada amenaza con debilitar aún más los intentos de alcanzar una salida diplomática al conflicto.
En paralelo, Ucrania respondió con una operación de represalia dirigida a refinerÃas rusas, intensificando asà el pulso militar. La jornada deja a la vista un escenario de guerra cada vez más amplio y devastador, donde la población civil continúa siendo la más afectada