Durante mucho tiempo nos han querido convencer de que ya no hay alternativa…

Que el rumbo del país está decidido, que nada puede cambiar, que quienes hoy gobiernan llegaron para quedarse, pero… ¿y si sí?

¿Y si sí podemos recuperar la confianza en nuestras instituciones?

¿Y si sí podemos volver a construir un país donde el diálogo sustituya a la confrontación?

¿Y si sí podemos demostrar que la democracia sigue siendo más fuerte que cualquier proyecto político?

Hace apenas unos días escribía que bastaron noventa minutos de futbol para demostrar algo extraordinario: los mexicanos sí sabemos unirnos.

Cuando juega México desaparecen las etiquetas, nadie pregunta por quién votaste, nadie pregunta en qué partido militas, nadie pregunta si piensas igual, simplemente somos mexicanos, y esa imagen debería hacernos reflexionar.

Porque si somos capaces de unirnos para apoyar a nuestra selección, también somos capaces de unirnos para recuperar el país que millones anhelamos.

Durante los últimos años se nos ha querido dividir, como si pensar distinto fuera motivo suficiente para dejar de reconocernos como compatriotas.

Pero México nunca ha sido eso, la inmensa mayoría de los mexicanos quiere exactamente lo mismo.

Quiere vivir en paz, quiere oportunidades para sus hijos, quiere escuelas donde se aprenda, quiere hospitales con medicamentos, quiere carreteras seguras, quiere gobiernos que resuelvan problemas en lugar de fabricar enemigos.

Y estoy convencida de algo, somos muchos más los mexicanos que queremos un mejor país que aquellos que pretenden mantenernos divididos.

No todos pensamos igual, pero sí compartimos el deseo de vivir en un México más seguro, más justo, con mejores oportunidades y con gobiernos que asuman su responsabilidad sin buscar permanentemente culpables en el pasado.

Porque gobernar no consiste en dividir, gobernar consiste en unir.

Y cuando el poder decide alimentar el resentimiento para conservar apoyo político, termina debilitando precisamente aquello que más necesita una nación: su cohesión social.

En 2027 los mexicanos volveremos a tomar una decisión trascendental. Estarán en juego 17 gubernaturas, la renovación de las 500 diputaciones federales, congresos locales y miles de cargos municipales en todo el país, será una de las elecciones más importantes de las últimas décadas por su capacidad para redefinir el equilibrio político nacional. Y deberíamos pensar en México.

Porque ninguna elección cambia un país por sí sola, lo cambian los ciudadanos cuando dejan de creer que nada puede hacerse, cuando recuperan la esperanza, cuando participan, cuando votan, cuando entienden que la democracia no pertenece a los gobiernos, pertenece a la gente.

Yo sigo creyendo en México, sigo creyendo en los millones de mexicanos honestos que todos los días trabajan, estudian, producen, enseñan, emprenden y salen adelante pese a las dificultades.

Sigo creyendo que somos más los que queremos construir que los que quieren dividir, y por eso me atrevo a hacer una pregunta.

¿Y si sí?

¿Y si sí podemos volver a encontrarnos como nación?

Yo creo que sí.

Porque cuando un pueblo recupera la esperanza, ningún poder es más fuerte que su voluntad.

Porque al final, la realidad siempre encuentra la manera de hacerse escuchar.