Mis nietos José Manuel y María José se quedaron a dormir el fin de semana pasado con nosotros, sus padres tenían un compromiso en la ciudad de Monterrey N.L. y decidieron solicitar asilo temporal en nuestra casa para sus hijos y les pidieron que no utilizaran sus tabletas, esto, con la finalidad de que entablaran una comunicación efectiva con sus abuelos, de ahí que después de estar un par de horas ayudando a su abuela María Elena en la cocina, al verme sentado en el sillón de la sala, ambos se dirigieron a platicar conmigo; José Manuel se sentó junto a mí y me pidió le contara una historia que hubiese sido muy significativa en mi vida; le respondí que tenía un gran repertorio  en mi haber y que me gustaría que el eligiera el tema; así es que él niño me dijo que había dos temas que en ese momento le llamaban la atención, el primero tenía que ver con mi relación con mi abuelo materno de nombre Virgilio, intuí que deseaba hurgar en mi pasado para comprobar si todos los abuelos convivíamos con los nietos, así que me puse a narrarle los hechos que consideraba importante para justificar el tipo de personalidad que tenía mi abuelo materno, de inicio tal vez no entendería por qué la relación entre ambos podría no tener mucho parecido con nuestra relación.

Así es que le dije a José Manuel: Ponte cómodo porque me acompañaras a un viaje a través del tiempo, mi nieto sonrió y se dispuso a poner atención: Cuenta mi madre que el abuelo quedó huérfano a temprana edad, acaso tenía 5 años y un tío asumió la custodia del niño, el pariente se dedicaba al comercio de alimentos, en aquella época estaba activa la epopeya de la Revolución Mexicana, así es que, le pidió al niño que lo acompañara a la sierra  porque en ella acampaba un contingente de soldados Federales  que  buscaban a los campesinos  que luchaban para cambiar al gobierno, porque éste no estaba cumpliendo las demandas del pueblo; pues bien, el  tío y el sobrino les ofrecían en venta, frutas, tabaco para forjar cigarrillos, cerillos, y otros artículos.

El pequeño Virgilio aprendió pronto y el tío le preparó una carga que tenía que transportar en unas cajas de madera que colocaban a los costados de un asno. El niño empezó a subir la sierra y tratando de llegar temprano al sitio  que conocía, equivocó el camino y se encontró con el grupo de campesinos, los cuales lo interrogaron, él les dijo que era comerciante y les traía a ofrecer su mercancía, a lo que ellos accedieron a comprar, algunos le preguntaban si por el camino él había visto a los federales y el niño contestaba que él sólo vendía mercaderas y lo dejaron marcharse, cuando dio con el contingente de soldados estos también le compraban mercancía y le preguntaban sobre  “los alzados” a lo que Virgilio contestaba que él únicamente vendía mercancías: Al término de su travesía le platicó al tío lo sucedido y valorando los riesgos prefirió suspender esa travesía, dedicándose sólo al poblado.

Después cuando el abuelo Virgilio llegó a su juventud, decidió trabajar por su cuenta y gracias a su esfuerzo logró progresar lo suficiente para mejorar su calidad de vida.

Al término del relato, José Manuel suspiro y me dijo, me siento muy orgulloso de mi tatarabuelo, pero no me has dicho cómo fue él contigo.

Le contesté: en esta breve historia habrás de haber encontrado motivos suficientes para entender que la vida no fue fácil para mi abuelo Virgilio, así es que él procuró que todos sus nietos aprendiéramos que nunca deben de renunciar al esfuerzo para logar superarse y ser hombres de bien, Mi abuelo ayudó a mucha gente cuando estuvo en pasibilidad de hacerlo, y cuando llegó a la vejez, yo tuve el privilegio de conocerlo y aprendí a amarlo hasta el final de sus días.

 

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