Ayer entre el silencio y la meditación se abrió una ventana en el tiempo, a través de ella vi un gran libro suspendido en el espacio del pensamiento, de pronto, un fuerte y frío viento, como mano invisible, empezó a darle vuelta a cada una de sus hojas, y con ello, vi pasar las horas, los días y los años; me pregunté ¿qué significado tendrá todo esto?

¿acaso   me está recordando que se asoma el momento de tomar decisiones importantes en mi vida? ¿será éste el tiempo de cerrar ciclos que nos ayuden a superar momentos difíciles  o cambiar de enfoque hacia un nuevo comienzo, dejando atrás situaciones pasadas que ya no pueden cambiarse? si así fuera, surge una nueva pregunta, ¿a cuál de los ciclos se le debe de dar prioridad? algunas personas familiarizadas con el tema, me dicen que se le de mano al ciclo laboral; otras, cargadas con un sombrío pesimismo comentan que la prioridad debería de estar en cancelar los aspectos que merman la economía personal, que le van restando día a día posibilidades a la sociedad de poder resistir un revés aún más restrictivo del tan anhelado plan de bienestar que se pretende, estableciendo topes a los salarios por prestación de servicios y a las ganancias legales que se perciben de manera extraordinaria por el ejercicio de acciones productivas que impactan el desarrollo social.

Si la decisión depende exclusivamente del caso personal que nos ocupa, cabe la incertidumbre de poner en la balanza los determinantes emocionales que a fin de cuentas influyen en los otros aspectos de importancia indiscutible; psicológicamente sería cerrar un ciclo emocional que implica una restructuración cognitiva y emocional, permitiendo con ellos, dejar de vivir anclado a recuerdos, dolores o conflictos del pasado para enfocarse en el presente y el futuro.

Dar vuelta a la hoja desde el punto de vista psicológico no implica tratar de olvidar, sino aceptar la realidad de lo sucedido, sea esto una ruptura, un duelo, un error, y asumir que ya no se puede cambiar, lo cual es fundamental para el proceso de sanación; una buena gestión del pasado permite separar los recuerdos de la emoción negativa que los acompaña. Una herramienta de adaptación que facilita la reincorporación a la vida cotidiana con una perspectiva renovada es la resiliencia.

Dar vuelta a la hoja, no requiere el cerrar los ojos, para tener la sensación de que nada está pasando, sino tener el poder de mantenerlos abiertos para no evadir la realidad, sino enfrentarla con plena conciencia para encontrar nuevas rutas y seguir dándole el verdadero valor a la vida, desligándolo de todo aquello que significamos como infortunio y nos va hundiendo en la desesperanza.

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