Divina compañía

El otrora inagotable manantial de la energía

que le diera juventud al ayer de nuestras vidas,

en dos gotas temblorosas ahora convertidas,

resignadas a su suerte, en tímida partida.

 

Y se asoman sin desearlo, titubeantes al vacío,

preguntándose qué les deparará el largo viaje,

en su intento fugaz tan atrevido,

que acaso las lleve a las márgenes del río.

 

Pero, es el mar maravilloso, lo que anima el desafío

de las almas, que se unieron en tan mágico estadío

que soñaron despiertas en tan loco desvarío

en la promesa de seguir vadeando por el río.

 

Más, no van solas, salvando los peligros del camino,

van de la mano de Dios, que las ilumina con tanto tino,

que, en lugar de abrojos, encuentran su guía de tacto fino,

ofreciendo su cuerpo y sangre, convertido en pan y vino.

 

Y así, envueltos en suave comunión, como la seda y el lino,

navegan en la barca del amor, arrulladas por el trino

de los ángeles, que el Señor les enviara con cariño,

para asegurarse que llegaran felices, al final de su destino.

 

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