Diálogo con tu silencio

No busques en el silencio la respuesta de la impaciencia que te causa el aislamiento; hay tanto o más ruido en tu interior que el generado por las inconformidades de las personas con las que interactúas en el exterior; por eso, el decirte a ti mismo: ya basta, no es suficiente para acallar lo que tiene encendidos en ti los focos que te mantienen despierto cuando deberías estar dormido.

El tratar siempre de agradarle a los demás, se puede traducir como la búsqueda de aprobación y afecta la calidad de vida de la persona complaciente, al repercutir en aspectos psicológicos, emocionales y de relación.

La persona complaciente experimenta agotamiento emocional y físico (Burnout) debido al estrés crónico que sufre; también padece de autoestima baja, pues para sentirse valorada necesita de la validación externa; la ansiedad que le provoca el miedo a ser rechazado o el temor a decepcionar a otros, es constante; la persona, de hecho,, puede olvidar sus gustos propios, sus deseos y necesidades.

Es importante comentar que la falta de reciprocidad genera una ira silenciosa y resentimiento hacia quienes se intenta complacer. Al no establecer límites claros es común que otros se aprovechen de la amabilidad excesiva.

La persona complaciente tiene también dificultad para establecer relaciones sinceras, porque frecuentemente dice a otros lo que quieren oír, ocultando la verdadera opinión. La incapacidad de decir “no” lo lleva a asumir cargas o responsabilidades que no corresponden.

Vivir para los demás puede llevar a la vejez con la sensación de no haber vivido la propia vida; se descuida la salud y metas personales por atender las ajenas.

Para revertir los efectos negativos que genera el hecho de ser siempre complaciente con los demás, se requiere un cambio de mentalidad, enfocado al autocuidado, el establecimiento de límites firmes y la gestión de la culpa; empezar a decir “No” sin dar demasiadas explicaciones, evitar decir “sí” automáticamente, lo que implica retrasar la respuesta; es necesario definir la prioridad. Poner límites no es egoísta, es un acto de autoconciencia y respeto a ti mismo. Es normal sentir culpa al principio, pero eso disminuye con la práctica. Es importante identificar los motivos que te conducen a decir no; reconoce que tu tiempo y energía son limitados y valiosos, y que no eres responsable de la felicidad de los demás.

Si te resulta difícil cambiar estos patrones, busca el apoyo con profesionales, para lograr tener una vida más equilibrada.

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