Que la mujer es hermosa, nadie lo puede dudar, pero, más allá de la belleza corporal, al encontrar la esencia espiritual y su nobleza, logras la mayor proeza, porque nada puede marchitar, un amor que viene del cielo y su grandeza.

La amada luz de tu mirada.

¡Oh! amada luz, que destellaban tus hermosos ojos,
el día en que enamorados, me vieron con amor jovial,
ojos que, en armoniosa sintonía con tus labios rojos,
perpetuaron en mi vida, un eterno amor primaveral.

Que festeja la caricia, y pinta tus mejillas con sonrojos,
al distante roce del aire, de un pensamiento pasional,
y sutil enciende, la calidez de los enérgicos arrojos,
para hacer del espacio y del tiempo, un entorno virginal.
Este corazón siempre tuyo, desesperado cae de hinojos;
declara, sin diferencia, entre el amor de ayer y el otoñal,
no importa lo difícil o frustrante de tus paradójicos enojos,
en mi espíritu, siempre reinará la luz de tus ojos por igual.

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