Querer es poder, dijo mi tÃo Tiótimo, cuando trataba yo de justificar mi estado anÃmico, que estimo un tanto deprimido, y que suelo endosar a causas externas; por eso, no titubeé en contestarle: asà es tÃo, yo estoy aquà contigo, porque querÃa estarlo, de otra manera no podrÃa ser, pero que bueno que tocas el tema, ya que eres un hombre tan experimentado en cuestiones que generan incertidumbre en la vida, seguramente por eso, podrás ayudarme a desatar este nudo gordiano. Mi tÃo sonrió, sin siquiera levantar la cabeza, y su sombrero cubrÃa su cara, ocultando deliberadamente sus ojos, más no la franca expresión de su sonrisa burlona. Ay sobrino, dijo el tÃo, incorporándose de su silla, para qué te haces bola, el que padece de estas cuestiones mentales siempre sabe a qué se deben, pero finge no saberlo por dos razones, la primera, es ser escuchado, y la segunda, no evidenciar su vulnerabilidad ante los demás, eso le permite siempre tener la puerta abierta para que siempre haya quien escuche sus quejas y quién pueda compadecerse de él, para encontrar en ello un poco de alivio a esa sensación de impotencia, de no poder controlar todo aquello que le causa verdadera satisfacción para mantener un estándar de su sensación de bienestar. Ahora resulta, pariente, que me resultó usted psicólogo, de haberlo sabido que tenÃa ese tÃtulo, lo habrÃa felicitado el dÃa en que se conmemoró dicha profesión. No te pases sobrino, respeta a tus mayores, te llevo mucha ventaja y si no tuviera lo que andas buscando, entonces a qué has venido. Pues ahora sà que ya no tengo otro argumento más, que decirle que vine a saludarlo, porque de una manera u otra ya me dio una lección sobre la importancia de ejercer el poder que todos tenemos para solucionar lo que parece imposible, entiendo yo que querer es poder, si yo quiero, yo puedo. Asà es, sobrino, no existe mayor poder que tu fuerza de voluntad para tomar las mejores decisiones, no importa que en ello renuncies a espejismos de supuestos beneficios que pudieras recibir de otras personas. Oiga tÃo, ¿está hablando de polÃtica? No sobrino te estoy hablando de cosas más importantes, te estoy hablando de tus derechos como persona, como ser humano, nadie por ningún motivo puede forzarte a renunciar a lo que te pertenece, solamente que le hayas puesto un precio a tu voluntad, pero yo te digo, que, si vendes tu voluntad, con ella se va tu dignidad y tu identidad como mexicano. No hay nadie más pobre sobre la faz de la tierra, que aquél que vende su integridad como persona. ¿Entonces, tÃo? Entonces, sobrino, deja de pensar que eres esclavo y disfruta tu libertad.
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