“Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas…”
Albert Einstein
Debo confesar que me sorprendió.
Y algo más grave: Confirmé en carne propia lo que veía y leía, porque no lo sabía. En otras palabras, lo ignoraba. Y ese es el motivo de preocupación.
Apareció en mis redes ayer una especie de mapa elaborado por Europapress.es que exhibe los países con mayor nivel de ignorancia dentro del grupo de los definidos como economías fuertes. Vaya baño de agua helada: Nuestra casa, nuestra amada patria, está en el número uno. ¡Gulp!
Parece motivo suficiente para mesarse -quien las tenga- las cabelleras y rasgarse las vestiduras. ¿Cómo hemos llegado a ese sótano?
No sé hasta donde sea fiable esa singular cartografía, pero como asienta la voz popular, cuando el río suena es que agua lleva. Aún si sólo le concediera una parte de credibilidad, la verdad es que no creo que fuera muy grande la diferencia con el sitio que nos endosan.
Estamos los mexicanos entre quienes menos libros leen al año en el mundo; las carreras universitarias están sobrepobladas de profesiones “barco” y las científicas sufren retrocesos punzantes. La información que nos llega hoy por vía digital es en una gran parte una cauda de engañifas, interpretaciones, veleidades y antivalores, ¡Y ese medio es precisamente al que más recurrimos para enterarnos de lo que sucede en nuestro entorno y en el mundo!
Suena dramático, pero aunque tal vez usted no lo vea así; tenemos un consuelo. Triste consuelo, pero consuelo al fin.
No es para presumirlo, pero sirve para aminorar el golpe: En muchos casos, somos ignorantes por voluntad propia. ¿De qué estoy escribiendo?
Le expongo mi percepción: Sabemos de la corrupción que nos rodea, sabemos quienes hacen pedazos a Mexico, sabemos quienes son delincuentes y navegan con banderas de honradez; sabemos que nos engañan en forma monumental, sabemos que por ambición nos llevan sin escalas al abismo. Y fingimos ignorar todo eso.
¿Beneficios personales, indolencia, comodidad, miedo?… Cualquiera puede ser la causa, pero lo grave, lo que duele más, es que no hacemos nada o hacemos poco para remediarlo, para dejar atrás por lo menos poco a poco, esa ignorancia. Parece que nos merecemos ese lugar en el escalón más bajo.
En este escenario, como buen mexicano, tengo una interpretación propia de esta crisis de conocimientos, que no es lo mismo que inteligencia.
Lo que pasa no es que seamos los más ignorantes. Lo que sucede es que nos pasamos de listos. ¡Y que arda el mundo!…
REDESCUBRIENDO UNA HISTORIA
Estoy redescubriendo a la universidad de mis quereres. Sí, a la Autónoma de Tamaulipas.
Ayer me enteré que la UAT desarrolló un asistente de inteligencia artificial AurIA, para agilizar el sistema de información financiera. El proyecto se gestó en la Secretaría de Finanzas, en la Dirección de Sistemas de Información, para optimizar las tareas operativas y brindar respuestas inmediatas a requisiciones, módulos y reportes.
Vaya salto de la casa de estudios que me tocó conocer hace casi 50 años.
Este equipo universitario enfocó el desarrollo mencionado en dar un acompañamiento en el momento preciso y con el contexto adecuado a esas tareas. Y algo para celebrar: El trabajo lo realizó con la asesoría técnica de Microsoft, aprovechando su ecosistema tecnológico. La confianza de esa empresa de talla mundial habla por sí sola de la calidad de esa herramienta cibernética.
Y lleva el sello de la casa: A diferencia de otras plataformas conversacionales, AurIA se maneja específicamente con la normatividad universitaria. Sí, estoy redescubriendo a la UAT…
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